Rovelli: “Argentina produce riqueza y distribuye escasez”

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“El mundo está desequilibrado”. La frase no busca impacto, busca síntesis. Horacio Rovelli abre el diagnóstico sin rodeos y lo lleva a una escala mayor: tensiones geopolíticas, disputa de poder global y un escenario que, lejos de ser abstracto, termina filtrándose en la vida cotidiana de la Argentina. “Esto puede terminar en una catástrofe”, advierte, mientras describe un tablero donde Estados Unidos, Israel e Irán tensan una cuerda que también impacta en precios, commodities y expectativas.

Pero el foco no se queda afuera. Vuelve rápido, casi inevitablemente, al plano local. A esa contradicción estructural que atraviesa la economía argentina: “Tenemos alimentos, energía, minerales… y sin embargo no somos un país soberano”.

La explicación, para Rovelli, no es técnica sino política. “Se benefician minorías que se apropian de recursos que son del pueblo argentino”, sostiene, apoyándose en una lectura constitucional que coloca la discusión en términos de propiedad y distribución. El dato que dispara la polémica es concreto: “Personas humanas compraron 49.000 millones de dólares en 26 meses”. La cifra, más que un número, funciona como símbolo. ¿Quiénes compran? ¿Quiénes pueden hacerlo? ¿Y qué pasa con esos dólares?

“Esa minoría parasitaria es dueña del petróleo, de los granos, de la logística”, insiste. Y completa el circuito: fuga de capitales, colocación en el exterior y reinversión en actividades extractivas dentro del país. “La actividad más lucrativa hoy es la minería”, afirma, con una advertencia ambiental incluida: “Se contamina el agua, la tierra, el aire, sin miramientos”.

El contraste se vuelve más evidente cuando se baja al territorio. Tucumán aparece como caso testigo. “La provincia vivió en 2025 con alrededor de 2.600 millones de dólares”, detalla. En paralelo, los 49.000 millones fugados funcionan como espejo incómodo. “No es que la Argentina sea pobre, es injusta”, resume.

La ecuación fiscal de las provincias tampoco ofrece margen. “El 94% de la coparticipación es IVA y Ganancias”, explica. Con actividad en caída, la consecuencia es directa: menos recursos. “Están ahogando a las provincias”. La Nación, en cambio, se financia con deuda. Las provincias, no. El resultado: endeudamiento forzado. “Te prestan lo que te corresponde y encima con interés”.

En ese marco, el conflicto político aparece desfasado de la urgencia económica. Gobernadores que reclaman, pero sostienen alineamientos. Legisladores que votan en tensión con los discursos territoriales. Y un sistema que, según Rovelli, profundiza dependencia. “Te hacés más dependiente de la Nación”.

El cierre no busca suavizar. Va en sentido contrario. “Esto es un genocidio por goteo”, lanza, llevando la metáfora al límite. La referencia no es casual: jubilados, caída del consumo, deterioro social. Un proceso lento, persistente.

La entrevista no resuelve el dilema. Lo expone. Entre la abundancia de recursos y la escasez en la mesa, entre los dólares que entran y los que se van, entre el potencial y la realidad, la pregunta queda flotando, sin respuesta única: ¿Dónde se rompe el circuito?

La entrevista completa: