Inflación, expectativas y política: “lo más difícil empieza ahora”

marangoni

En un nuevo ciclo de Cuentos Chinos, el economista y analista Gustavo Marangoni trazó un diagnóstico sin eufemismos sobre el momento económico y político del país. Con una metáfora inicial —la de cavar y encontrar roca— planteó el principal dilema del gobierno: haber avanzado rápido en la baja de la inflación, pero chocar ahora con un piso difícil de perforar. A partir de allí, se desplegó una conversación que combinó economía doméstica, clima social y estrategia política.

—El Gobierno hizo de la inflación su bandera. ¿Dónde estamos hoy?

—Bajar de niveles del 200% anual al 30% tiene mérito, pero era la parte más accesible con ajuste fiscal y señales claras. El problema es lo que sigue: ese piso del 2% o 3% mensual es mucho más difícil de romper. Y de hecho, hasta ahora no se ha podido.

—El propio oficialismo anticipa que marzo viene por encima del 3%. ¿Es un problema?

—Sí, porque el presupuesto proyectaba 10% anual y eso ya se consumió en el primer trimestre. Ahí hay un desvío claro. Después aparece el discurso de “lo mejor está por venir”, que ya escuchamos muchas veces en la Argentina.

—En la calle, la percepción es que la inflación es más alta que la oficial. ¿Por qué pasa eso?

—Porque el promedio no refleja todas las realidades. Los sectores medios, que gastan más en servicios —prepaga, educación, tarifas— sienten aumentos por encima del índice. Entonces, no es que el dato esté mal, pero no representa a todos por igual.

—¿Empieza a cambiar el humor social?

—Sí. El año pasado había paciencia, incluso en sectores perjudicados. Hoy aparece la duda. El ingreso disponible —lo que te queda después de pagar lo fijo— es menor, y eso impacta en el consumo. No es casual que caiga la recaudación, sobre todo el IVA.

—¿Se está generando un círculo complicado entre ajuste y actividad?

—Es una posibilidad. Menos actividad implica menos recaudación. Eso obliga a más recortes para sostener el equilibrio fiscal. Y eso, a su vez, puede afectar nuevamente la actividad. Es un esquema que se puede retroalimentar.

—En lo político, el Gobierno busca eliminar las PASO. ¿Qué lectura hacés?

—Es estratégico. El oficialismo tiene liderazgo definido; la oposición no. Quitar las primarias le complica la posibilidad de ordenarse. A los gobiernos siempre les conviene una oposición fragmentada.

—Sin embargo, no aparece una alternativa clara…

—Hoy no. Hay movimientos, reuniones, fotos, pero no síntesis. Y eso le da aire al oficialismo, incluso con caída en la aprobación.

—¿Qué rol juega el contexto internacional?

—Es clave. Una suba del petróleo, un conflicto externo, cualquier variable que no controla el Gobierno puede impactar. Y en un esquema frágil, eso pesa más.

—Se habla mucho de emociones dominando la política. ¿Coincidís?

—Sí, pero también hay intereses concretos. Este modelo tiene ganadores y perdedores claros. Sectores como energía, minería o finanzas están mejor posicionados. Industria, comercio y construcción, no.

—¿Hasta cuándo puede sostenerse este esquema?

—La pregunta no es si se va a agotar, sino cuándo. Como en economía: todos sabemos que algo va a corregir, pero no el momento. Puede haber financiamiento que estire los tiempos.

—¿Y el espejo internacional?

—Hay que mirar a Estados Unidos. Si liderazgos como el de Trump se consolidan, estos modelos se refuerzan. Si sufren retrocesos, puede empezar a verse un desgaste global de esta lógica política.

Marangoni no cierra con definiciones categóricas. Deja, en cambio, un escenario abierto: una economía que desaceleró pero no termina de estabilizarse, una sociedad que empieza a dudar y una política donde el oficialismo juega con ventaja frente a una oposición aún dispersa. El diagnóstico es claro: la etapa más compleja recién comienza.