Radiografía financiera de Yerba Buena: ajuste, deudas y gastos que desentonan

El municipio gastó menos de lo presupuestado en 2025, pero dejó una montaña de facturas sin pagar que recién se cancelarán este año. La recaudación se derrumbó, la Provincia no mandó los fondos prometidos y, como si fuera poco, partidas como comisiones bancarias se dispararon hasta 65 veces por encima de lo previsto.
El año 2025 terminó para el municipio de Yerba Buena conducido por Pablo Macchiarola, con los números en rojo y un fuerte ajuste en las cuentas. Sin embargo, esa “austeridad” que reflejan los papeles es más una ilusión contable que una realidad financiera. Detrás de las cifras, se esconde una historia de ingresos que nunca llegaron, inversiones frenadas en seco y un puñado de gastos que multiplicaron por decenas lo que se había planeado.
Para entender el rompecabezas, hay que empezar por el final: el municipio tenía autorizado gastar $57.114 millones, pero en la práctica solo desembolsó $41.000 millones. Suena a ahorro, ¿verdad? Pues no del todo. Porque el gasto se mide en “base caja”, es decir, solo se cuenta lo que efectivamente se pagó. Todo lo que se compró o contrató pero no se abonó, pasó a engrosar la lista de “Residuos Pasivos” y cayó directo al debe del 2026.
El ejemplo más claro es el aguinaldo del segundo semestre de los empleados municipales. Se pidió autorización para pagar $16.253 millones, pero solo se abonaron $13.012 millones. La diferencia, lisa y llanamente, se trasladó al bolsillo del próximo ejercicio.
Cuando la inversión se tomó vacaciones
Si hubo un área que sufrió el ajuste con rudeza, fue la inversión en infraestructura y equipamiento. El municipio se había puesto como meta renovar equipos por $2.687 millones, pero apenas gastó la mitad. Peor aún fue el caso de las inversiones administrativas (instalaciones, mobiliario, etc.): de los $1.624 millones previstos, solo se ejecutó un miserable 9%. Es decir, de cada 10 pesos que se pensaban destinar a mejorar oficinas o comprar muebles, se gastó apenas 1. Los técnicos argumentarán que algunas compras se pagaron en 2026, pero el 91% faltante es un hueco difícil de justificar.
En el capítulo de deudas, el municipio decidió no pagar las sentencias judiciales en su contra y se ahorró esa partida. En cambio, sí le pagó a los proveedores del 2024: ejecutó el 66% de lo previsto, una decisión razonable si se tenía miedo a que la inflación se disparara por encima del 31,5% que finalmente marcó el INDEC.
El lado oscuro de los ingresos: la recaudación que se esfumó
Si el gasto se ajustó, los ingresos directamente se derrumbaron. El municipio esperaba tener en sus arcas $57.114 millones, pero la realidad fue mucho más cruda: apenas ingresaron $35.935 millones. Esa diferencia de más de 21 mil millones de pesos es la madre de todos los desequilibrios.
¿Dónde falló la caja? Principalmente en los recursos propios. La estrella de la recaudación municipal, la Tasa de Higiene y Seguridad (THYS), fue un fracaso. Se presupuestaron $16.475 millones por ese concepto, pero los contribuyentes apenas aportaron $8.103 millones. Menos de la mitad. Tal vez haya planes de financiamiento o moratorias que expliquen parte de esta caída, pero el dato es alarmante.
Lo único que salvó el honor de los ingresos propios fueron las multas y los servicios no tributarios. Ahí sí hubo superávit: se estimaban $886 millones y entraron $2.101 millones, casi el triple. Un pequeño consuelo en medio del desastre y una metodología de “multar” compulsivamente.
La provincia que faltó y la nación que llegó
Aquí aparece el gran responsable del déficit, según el informe: la Provincia de Tucumán. Había prometido transferir $14.823 millones a través de la Ordenanza 2525, pero solo giró $2.369 millones en aportes reintegrables para pagar sueldos. Ese “incumplimiento” es, sin dudas, la causa principal del descalabro fiscal.
Para equilibrar un poco la balanza, el Tesoro Nacional sí cumplió y hasta se estiró. De un presupuesto de $279 millones, envió $1.414 millones, gracias a partidas para planes sociales, el Plan Nacer y el Fondo Educativo. Un salvavidas que llegó desde Buenos Aires cuando la provincia se hizo la distraída.
El final de la historia: un déficit que se patea para adelante
El resultado final de este cóctel explosivo es un déficit fiscal de $5.066 millones. Pero ojo, como gran parte de ese rojo se financió con facturas impagas (los famosos “Residuos Pasivos”), en términos de caja el desfase se reduce a $1.499 millones. Eso sí, toda esa deuda ya tiene fecha de vencimiento: el 2026.
Las partidas que más preocupan: ¿dónde se fue la plata?
Si uno se mete en la cocina del gasto, encuentra cosas muy llamativas. El aumento en “Bienes de Consumo” se justifica por la inflación y la suba de precios en papel, útiles y repuestos. Los servicios de luz, gas y agua también subieron porque los subsidios nacionales se recortaron, algo esperable.
Pero hay partidas que saltan a la vista por su desproporción y que merecen una explicación urgente:
· Gastos judiciales: se presupuestaron $4 millones y se gastaron $189 millones. Cuidado: el informe aclara que NO se pagaron sentencias judiciales. Entonces, si no se pagaron juicios, ¿en qué se gastaron esos 189 millones de pesos?
· Comisiones y gastos bancarios: pasaron de $2,9 millones a $188 millones. La banca se llevó 65 veces más de lo planeado.
· Seguros y comisiones: el presupuesto era de $4 millones y se ejecutaron $189 millones, otra vez una multiplicación por 47.
Estos números no son meras variaciones inflacionarias; son desvíos que exigen una auditoría minuciosa. También crecieron fuerte los gastos en congresos y capacitaciones, aunque el informe no da el monto exacto.
La excepción que confirma la regla
En medio de este panorama, hay una noticia que no es mala: las obras de pavimentación, ensanche de avenidas y optimización de escurrimientos hidráulicos se ejecutaron en línea con lo presupuestado. Al menos en eso, el municipio cumplió con el plan previsto.
En conclusión, recién hace dos semanas se conoció la cuenta de inversión de Yerba Buena que cerró el 2025 con números en estado crítico. Sufrió una recaudación propia muy por debajo de lo esperado, no recibió el apoyo financiero provincial, y encima presenta gastos operativos (bancarios, judiciales y de seguros) que crecieron de forma inusitada. Todo eso, mientras se postergaban inversiones clave y se acumulaban deudas para el año que ya comenzó. El 2026 se presenta como el año de la verdad fiscal para el municipio.