El fin de la mística: Gallardo se rinde ante el peso de su propia sombra

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El “Muñeco” anunció su salida de River tras un segundo ciclo descolorido, devorado por una racha de derrotas insostenible. El jueves ante Banfield, el Monumental oficiará de santuario para despedir al prócer que, esta vez, no pudo encontrar la llave del equipo.

Hay adioses que huelen a alivio y otros que saben a naufragio. El de Marcelo Gallardo tiene un poco de ambos, pero sobre todo, tiene el gusto amargo de la finitud. El hombre que alguna vez fue estatua en vida y bandera de guerra, decidió que su segundo acto en River Plate no admite más prórrogas. El jueves, ante Banfield, el Monumental no irá a ver un partido de fútbol; irá a testificar el cierre de una era que se quedó sin épica.

La caída en Liniers ante Vélez fue el último clavo. No fue solo el resultado, fue la forma: un River desdibujado, carente de ese “vuelo” que el DT siempre exigió y que esta vez se le escapó entre los dedos. Los números, fríos y crueles como un diagnóstico terminal, dictan la sentencia: 13 derrotas en los últimos 20 partidos. Una estadística que, en cualquier otro apellido, hubiera significado el despido hace meses, pero que en Gallardo se estiró por el peso del amor y la gratitud.

El mensaje de un hombre doblegado

Vestido con la ropa de fajina, con la mirada de quien ha pasado noches enteras buscando soluciones donde solo había dudas, el Muñeco le habló al hincha. No hubo promesas de retorno ni análisis tácticos. Hubo dolor.

“Intentaré ser breve para que no me embarguen la emoción y el dolor… las cosas no salieron como proyectamos”, confesó en un video que funcionó como una estocada al corazón del mundo millonario.

Este ciclo, que sucedió al interinato de los experimentos y la salida de Demichelis, nunca logró encender la chispa. Aquel estratega que en Madrid tocó el cielo con las manos, se encontró en 2026 con un plantel que no respondió a su rigor y un esquema que perdió la memoria. Se va sin títulos, con una efectividad del 53% y la sensación de que, a veces, las segundas partes solo sirven para confirmar que el pasado es un lugar donde no se puede vivir para siempre.

Lo que viene: El vacío y los nombres

Con River décimo en su zona y mirando los playoffs desde la banquina, la dirigencia de Stefano Di Carlo ya activó el radar. El nombre de Eduardo Coudet retumba en los pasillos de Núñez como el heredero natural de la intensidad, mientras las sombras de Pablo Aimar y Ramón Díaz aparecen en el horizonte de una sucesión que quema.

Pero antes de la ingeniería del futuro, queda el rito. El jueves, el cemento de Figueroa Alcorta va a vibrar por última vez bajo el mando del Muñeco. Se va el técnico, se queda el mito. River se asoma al abismo de lo desconocido, sabiendo que, a partir del viernes, la banda roja pesará un poco más, porque ya no estará él para cargarla sobre sus hombros.