Radiografía del malestar y preocupación libertaria

Encuestas nacionales muestran caída de imagen de La Libertad Avanza mientras la sociedad expresa mayor desgaste económico. El viaje de Javier Milei a Tucumán y los derroteros del Caso $Libra y Manuel Adorni refuerzan la tensión interna y su narrativa de enemigos.
Los últimos relevamientos de opinión configuran un mapa preciso del malestar social y la preocupación por el rumbo de La Libertad Avanza. Según Trespuntozero, la aprobación de la gestión cayó a 37,2%, mientras la desaprobación trepó a 59,8%, el peor registro en esa serie. La economía aparece como principal problema para más del 60% de los consultados, con foco en salarios deteriorados y pérdida de poder adquisitivo. El 59% afirma que ya no puede esperar mejoras en su ingreso, y entre los votantes de Milei de 2023, la mitad reconoce haber llegado al límite de tolerancia.
Otros estudios coinciden en el diagnóstico. D’Alessio IROL-Berensztein registra que el 61% percibe que la situación económica es peor que hace un año, mientras solo el 37% observa mejoras. Zuban Córdoba muestra una desaprobación de 58,7% frente a 35,4% de aprobación. Federico Aurelio agrega un dato estructural: tres de cada cuatro argentinos tienen dificultades para llegar a fin de mes y dos de cada tres se endeudan para sostener gastos corrientes. QMonitor ubica la desaprobación en 53% a nivel nacional, con picos en el AMBA: 72% en el GBA y 55% en la Ciudad de Buenos Aires, donde el ajuste ya se traduce en recortes cotidianos de consumo.
La última medición conocida de Hugo Haime refuerza esa tendencia. La aprobación se ubica en torno al 37%, tras una nueva caída mensual, mientras la desaprobación consolida mayoría. A la vez, solo un 36% se define como adherente al gobierno —con retroceso respecto de mediciones previas— frente a un 52% que se asume opositor. Dentro de ese esquema, el núcleo duro oficialista ronda el 26%, mientras crece un bloque intermedio que oscila entre el apoyo crítico y el rechazo moderado, un segmento sensible a la evolución de la economía y al clima político.
En este contexto, el viaje de Javier Milei a Tucumán (foto) operó como escena política. Allí reforzó su narrativa: un gobierno asediado por enemigos —“kukas”, corporaciones, sectores con privilegios— que buscan frenar el rumbo. El mensaje convivió con señales de tensión interna, amplificadas por los movimientos de Manuel Adorni y el impacto del Caso $Libra, que volvieron a poner bajo escrutinio la consistencia del oficialismo.
Pese a la erosión en la imagen, algunos matices persisten. DC Consultores señala que un 43,6% aún respalda el rumbo general, mientras un 23,5% se muestra decepcionado pero continúa apostando al cambio. Ese equilibrio inestable explica parte del presente: el Gobierno no se sostiene por resultados inmediatos, sino por la vigencia de su promesa original.
La radiografía es nítida. La desaprobación crece, el malestar económico se vuelve experiencia cotidiana y la base de apoyo muestra fisuras. Entre la narrativa de conspiraciones y la presión de una sociedad que empieza a acortar los plazos, el oficialismo entra en una zona más exigente: sostener el relato mientras la realidad pide resultados.