River ganó en el Ducó y el ciclo Coudet arrancó con carácter

No hubo espacio para el lirismo desmedido ni para las transiciones lentas. El debut de Eduardo Coudet en el banco de River Plate tuvo todos los condimentos del fútbol de estas latitudes: tensión, polémicas de VAR, tres penales y un final con las pulsaciones a mil. En un Palacio Ducó herido en su estructura —con aforo reducido por el derrumbe reciente—, el Millonario mostró los dientes y se llevó un 2 a 1 ante Huracán que vale mucho más que tres puntos por la décima fecha del Apertura.
El “Chacho” plantó bandera desde el dibujo. Un 4-1-3-2 ambicioso, con el pibe Kendry Páez intentando darle fluidez al juego, aunque el inicio fue de estudio. Huracán, empujado por su gente, avisó primero con Jordy Caicedo, pero Santiago Beltrán desactivó el peligro con la seguridad que demanda el arco más grande del país.
El peso de las áreas
Cuando el partido se cerraba, apareció la jerarquía. A los 28 minutos, Gonzalo Montiel —siempre tiempista— mandó un centro con “pluma” de enganche para que Sebastián Driussi, de cabeza, pusiera el 1 a 0. Parecía que River controlaba el trámite, pero el fútbol no sabe de lógicas: un descuido de Martínez Quarta terminó en penal para el Globo, y Caicedo no perdonó antes del descanso.
El complemento fue una batalla de ajedrez con el cuchillo entre los dientes. River movió el banco, mandó a Juanfer Quintero a la cancha para clarificar el panorama, pero se topó con un Hernán Galíndez inmenso. El arquero local le ahogó el grito al colombiano desde los doce pasos, dejando el desenlace en un suspenso absoluto.
VAR, rojas y el sello de Montiel
El quiebre definitivo llegó a los 30 del segundo tiempo. Una mano de Emanuel Ojeda tras un remate de Quintero paralizó los corazones en Parque Patricios. La espera frente al monitor del VAR fue eterna, un interludio que terminó en un tumulto generalizado y las expulsiones de Lucas Carrizo y Facundo Colidio. En medio del caos, la frialdad de un campeón del mundo: Gonzalo Montiel se hizo cargo de la ejecución y, con su habitual eficacia, selló el 2 a 1. Los nueve minutos de adición fueron puro nervio, pero el equipo de Coudet supo abroquelarse, manejar los tiempos y defender una ventaja que marca el pulso de lo que pretende el nuevo DT: un equipo con vuelo, pero sobre todo, con el rigor necesario para ganar en cualquier escenario.
River festejó en el debut del ciclo. No sobró nada, pero quedó la certeza de que este equipo sabe sufrir y, fundamentalmente, sabe golpear cuando la historia se pone brava.