Humedad extrema: qué enfermedades aumentan cuando llueve todos los días

humedadextrema

La lluvia dejó de ser un episodio aislado en Tucumán. En lo que va de 2026, distintos registros meteorológicos y observaciones locales coinciden en que alrededor del 70% de los días tuvieron precipitaciones, aunque muchas hayan sido breves o sectorizadas. El fenómeno, que en principio parece sólo climático, empieza a tener consecuencias concretas en la salud, sobre todo en las ciudades que crecen al pie del monte.

En localidades cercanas a las Yungas —como Yerba Buena, Tafí Viejo, San Pablo o Lules— la humedad ambiental se instala con facilidad. La selva de montaña libera vapor de agua de manera constante y las lluvias intermitentes hacen que el aire permanezca saturado durante días. Ese microclima crea un escenario ideal para la proliferación de hongos, ácaros y bacterias.

En ese contexto empiezan a aparecer o agravarse varias enfermedades. Las más frecuentes son las respiratorias. La humedad favorece la presencia de ácaros del polvo y moho en paredes y techos, lo que incrementa cuadros de rinitis alérgica, sinusitis, bronquitis y crisis de asma. En casas con filtraciones o poca ventilación los síntomas suelen repetirse: congestión nasal persistente, tos, irritación en los ojos y sensación de opresión en el pecho.

También se incrementan las infecciones de piel provocadas por hongos. El ambiente húmedo y el sudor permanente generan condiciones propicias para afecciones como el pie de atleta o distintas formas de tiña. Las zonas del cuerpo donde la piel permanece húmeda durante mucho tiempo son las más afectadas.

Otro fenómeno frecuente en períodos prolongados de humedad es la intensificación de dolores musculares o articulares. Personas con problemas previos en rodillas, columna o caderas suelen percibir mayor sensibilidad cuando el aire está saturado de humedad y la presión atmosférica cambia con rapidez.

A este cuadro sanitario se suma un factor menos visible pero igualmente extendido: el impacto en el estado de ánimo. Semanas con cielos cubiertos, alta humedad y lluvias recurrentes reducen las horas de sol y limitan la actividad al aire libre. Muchos describen entonces una sensación de cansancio, apatía o falta de energía que acompaña los veranos particularmente lluviosos.

Tucumán siempre tuvo veranos húmedos. Pero cuando la lluvia aparece siete de cada diez días, el clima deja de ser sólo un dato meteorológico y se transforma en un factor que incide directamente en la salud cotidiana de la población.