Monzó advierte sobre el deterioro del debate público y el riesgo para la República

Emilio Monzo
En una columna publicada en La Nación, el ex titular de la Cámara de Diputados analiza cómo el insulto y la lógica emocional de la política degradan la deliberación democrática y alimentan liderazgos que se apoyan en la confrontación permanente.
El dirigente político y ex presidente de la Cámara de Diputados Emilio Monzó publicó este jueves una columna en el diario La Nación bajo el título “Cuando el insulto degrada la República”. En el artículo, el dirigente reflexiona sobre el clima político contemporáneo y advierte sobre los efectos corrosivos que tiene la lógica del agravio en la vida pública.
Monzó sostiene que la política atraviesa un proceso de emocionalización acelerada, amplificado por las redes sociales y la dinámica algorítmica de la conversación pública. En ese contexto —argumenta— el debate democrático pierde densidad deliberativa: los argumentos son reemplazados por descalificaciones, la discusión por alineamientos identitarios y la persuasión por la confrontación moral.
A partir de esa premisa, el ex legislador observa que ciertos liderazgos contemporáneos utilizan el insulto como método político. No se trataría de exabruptos aislados, sino de una estrategia que ordena el conflicto público mediante la polarización y la humillación del adversario. El resultado, advierte, es un proceso de degradación institucional que erosiona lentamente el espíritu de la democracia aun cuando las elecciones continúen celebrándose.
Emilio Monzó es un dirigente de raíz peronista con perfil dialoguista que tuvo un papel central en la ingeniería política de la coalición Cambiemos durante el ascenso de Mauricio Macri al poder. Entre 2015 y 2019 se desempeñó como presidente de la Cámara de Diputados de la Nación y fue uno de los articuladores parlamentarios más activos de aquel período, con fuerte impronta en la construcción de acuerdos entre oficialismo y oposición.
En su columna, el dirigente también recurre a la literatura académica —entre ella el libro Cómo mueren las democracias de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt— para advertir que los procesos de erosión democrática rara vez irrumpen de manera abrupta. Con mayor frecuencia, sostiene, se desarrollan gradualmente, a través de la deslegitimación del adversario y del debilitamiento de los árbitros institucionales.