Las fuerzas del cielo: entre el ascenso y el descarte

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Muchos creyeron haber sido ungidos. Se sintieron parte de “las fuerzas del cielo”. Caminaron la génesis libertaria cuando era intemperie y promesa, pusieron el cuerpo en debates adversos y defendieron una épica que se presentaba como ruptura definitiva. Transpiraron pertenencia. Algunos imaginaron inmunidad. Hoy varios de esos nombres sobreviven apenas como referencia de archivo. En el universo libertario la fe no garantiza continuidad. La utilidad, en cambio, tiene fecha de vencimiento.

A nivel nacional el proceso fue visible. Figuras que acompañaron el ascenso de Javier Milei quedaron fuera del perímetro sin explicaciones públicas. No hubo rupturas formales ni conferencias aclaratorias. Hubo silencio. El descarte no necesita dramatización; opera por ausencia. Se retira la convocatoria, se diluye la exposición, se enfría el vínculo. El mensaje se entiende sin necesidad de traducción.

Si la vicepresidenta Victoria Villarruel no hubiera sido electa por el voto popular, su margen sería otro. El voto la sostiene en un esquema donde las designaciones son reversibles. En esta arquitectura la permanencia no es una virtud sino una decisión política. Y las decisiones, cuando se adoptan, rara vez se justifican en público.

En Tucumán la lógica replica la matriz nacional. Ricardo Bussi interpretó que el clima podía confluir con su trayectoria. José Macome y José Seleme ensayaron pertenencia. El exintendente de Bella Vista, el empresario de la Retro Fiesta, el industrial que midió tiempos antes de dar el salto, todos creyeron haber sido incorporados a la constelación libertaria provincial. Tuvieron escena y expectativa. No tuvieron continuidad.

Nadie los expulsó en público. Simplemente dejaron de ser parte. La omisión funcionó como veredicto. La identidad libertaria no acumula pasado; administra alineamientos. El que no encaja en la lógica central queda fuera del encuadre.

La foto actual exhibe otros nombres. A los cuatro diputados nacionales del bloque libertario se sumaron el intendente Alejandro Molinuevo, el concejal Alvaro Apud, la exdiputada Paula Omodeo, el dirigente Sebastián Murga (CREO) y el referente del PRO y titular de ANSES en la provincia, Alejandro Trapani. Todos estuvieron invitados a la última Asamblea Legislativa. No fue un gesto protocolar. En la semántica libertaria, la invitación es validación. Es señal de vigencia dentro del armado que articula el fugaz ministro Lisandro Catalán.

Pero en las sombras también hay nombres. Operadores que no buscan cámara ni micrófono, dirigentes que no aparecen en la primera fila pero intervienen en la ingeniería fina del espacio. Algunos provienen del mundo empresario, otros del territorio, otros de la política tradicional que juraba combatir. No figuran en los posteos ni en las transmisiones oficiales, pero pesan en las decisiones. Son parte de esa zona opaca donde se define quién asciende y quién es descartado.

El interrogante es estructural. ¿Llegarán los actuales a 2027 como bloque o la misma lógica que convirtió a otros en prescindibles activará un nuevo recambio? La centrifugadora libertaria no distingue entusiasmo de disciplina ni exposición de eficacia. Mide sincronía con el centro real de poder.

Y ese centro tiene nombre propio. En la cofradía de sangre, Karina Milei no orbita. Ordena. Es la constante en un sistema de lealtades variables. Todos creen ser parte de las fuerzas del cielo hasta que descubren que solo eran circunstanciales.

La próxima visita presidencial a Tucumán ofrecerá nuevas señales. Las fotos, los lugares en el protocolo y las ausencias hablarán más que cualquier discurso. En este espacio político la pertenencia no se proclama: se concede. Y cuando se retira, no deja explicación. Deja vacío.