Volvió José Mercado

Consultor Político
En el primer año del gobierno de la Alianza, con una economía en recesión, se popularizó una frase de Chacho Álvarez: “Si no podemos darles pan, por lo menos démosle presos”, refiriéndose a calmar el descontento popular mostrando mano dura contra la corrupción. Tras el “INDECgate”, parafraseando al exvicepresidente, hoy podría decirse: “Si no podemos bajar la inflación, por lo menos démosle batallas culturales” (y de paso, cuestionemos el nuevo índice).
Después de los dolores de cabeza que le generó al gobierno su discurso en Davos el año pasado –que incluso le costó apoyo en su propio electorado–, la administración libertaria apuesta ahora a debates valóricos en el plano económico, donde arrastra su mayor hándicap. La semana pasada fue el turno del costo de los tubos de Paolo Rocca; en esta, el chivo expiatorio fue la industria textil local. Es lógico: cuando se toman medidas que hacen crujir a varios sectores –en lo concreto o en lo simbólico–, es necesario un relato que le dé sentido al rumbo.
En plena temporada estival, con vacaciones en la costa y récord de turistas argentinos en Brasil, el dólar plano, una inflación que aunque no domada molesta menos, un Central que proyecta sumar unos 14.000 millones de dólares este año, el blindaje estadounidense –que incluye el acuerdo comercial– y un riesgo país que oscila pero se mantiene aceptable, es probable que la mayoría de la sociedad no le pase factura al gobierno –al menos en el corto plazo– por las sospechas sobre el cálculo del índice de precios. Para la segunda parte del año, la película podría ser distinta.
Lo crucial comenzará esta semana en el Senado con la reforma laboral. Este es el primer gran test político del año: si no se aprueba, el principal perjudicado será el oficialismo. Lo demás son detalles. Si no ocurre nada extraño, habrá alguna reforma laboral, aunque pierda artículos por el camino. De no salir, los mercados interpretarán que será difícil imponer las reformas estructurales prometidas, desvalorizando así el positivo resultado electoral del 26 de octubre.
Como señalamos aquí en diciembre, este proyecto es una nueva “ley ómnibus” que incluye, además de lo laboral, un capítulo fiscal. Un dato reciente complica la discusión: entre noviembre de 2025 y enero de 2026, las provincias dejaron de percibir un 3% de las transferencias nacionales. Solo en enero, la caída interanual fue de casi un 7%. Esto agrava la situación de las arcas provinciales, que ya venían sufriendo bajas desde agosto. El gobierno nacional insta a los gobernadores a ajustar, pero nadie quiere conflictos sociales con empleados, docentes, médicos o policías, ni tiene margen para reactivar las economías locales con obra pública. Un dato ilustrativo: en diciembre de 2025, los cheques rechazados aumentaron un 93% respecto a diciembre de 2024.
Hay quórum para una reforma laboral; la duda es para “lo demás”. El oficialismo postergó el tratamiento en diciembre, alegando los problemas con la aprobación del presupuesto en Diputados. Pero, ¿fue solo por eso? ¿Podrá La Libertad Avanza ocultar los retoques al proyecto hasta el recinto? ¿Quién le asegura a los socios dialoguistas que no habrá sorpresas desagradables? Como dijo Vicente “Cháchara” Saadi: en política se trabaja al contado. Nadie aprobará un artículo ambiguo que lo pueda perjudicar.
El gobierno, por momentos, opera con astucia: desarticuló la reunión de gobernadores con el CFI e impidió que Llaryora y Pullaro se entrevistaran con la alicaída CGT. La negociación parece romperse, pero en realidad se dobla. Las bravuconadas del tipo “es esto o nada” deben leerse en el marco de una guerra de nervios previa al penal. Los libertarios les dicen a los gobernadores: “Todo va a estar bien, ninguna bala parará este tren”.
Javier Milei no solo cuenta con el “amigo americano” (esperemos que no sea como Ripley), sino también con el PJ bonaerense. Parece que el cristinismo finalmente acepta que Axel Kicillof sea el presidente partidario, con todo lo que eso implica. Hoy, Kicillof perdería claramente frente al “león”. Si querés ser figura, andá y que Dios te ayude. El acuerdo muestra que “los pibes para la revolución” son astutos, que el peronismo bonaerense carece de logística para organizar elecciones internas y que, bajo el sol, no hay nada nuevo. ¿Es esta la oposición que prefieren los libertarios? Quizá busquen dividir para reinar. Quien cada vez se anima más a repudiar a Cristina es el salteño Gustavo Sáenz. ¿Encabezará una tercera posición en 2027? ¿Lo ayudará LLA?
Como señalamos hace tres semanas, Donald Trump vuelve a dar muestras de kirchnerismo, tal como cuando propuso límites a las tasas de interés de las tarjetas. Ahora promueve la importación de carne argentina “para suministrar carne picada a los consumidores estadounidenses” (o sea, para hamburguesas más baratas). Solo le faltó decir que así “defendería la mesa de los americanos” (aunque, para ser justos, no atacó a los ganaderos de su país).
Toto se compra la ropa en el exterior porque en Argentina “es un robo”. Como cantaba Charly García hace 45 años: “José Mercado compra todo importado”.