Ushuaia en la mira geopolítica

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El aterrizaje de una aeronave del Departamento de Defensa estadounidense en el extremo sur argentino reactivó alertas políticas y estratégicas. Quiénes viajaban, qué agenda traen y por qué Ushuaia vuelve a ocupar un lugar central en la disputa global por la Antártida, los recursos críticos y el control del Atlántico Sur.

El arribo a Ushuaia de un avión militar de los Estados Unidos, perteneciente al Departamento de Defensa, volvió a colocar a la capital fueguina en el centro del tablero geopolítico regional. La aeronave, un Boeing C-40 Clipper de la Fuerza Aérea estadounidense, aterrizó durante el fin de semana sin anuncio previo oficial del Gobierno argentino y en simultáneo con la intervención del puerto local dispuesta por la administración nacional, una coincidencia que disparó especulaciones políticas, diplomáticas y estratégicas.

Según confirmaron fuentes de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires a medios nacionales, el vuelo trasladaba a una delegación bipartidaria de congresistas integrantes del Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes. Se trata de un órgano clave del Congreso norteamericano, con injerencia directa en políticas vinculadas a recursos naturales, transición energética, minería estratégica, salud pública y seguridad ambiental. La agenda oficial de la visita, de acuerdo con esa misma fuente, incluye reuniones con funcionarios gubernamentales y actores institucionales para abordar la degradación de entornos naturales, la gestión de residuos, la tramitación de permisos mineros, el procesamiento de minerales críticos y la investigación en salud y seguridad médica.

La información fue ratificada por la Agencia Noticias Argentinas y por el diario La Nación, que precisaron que la aeronave había permanecido previamente dos días en Buenos Aires antes de volar hacia el sur, sin que mediara comunicación pública del Ministerio de Defensa ni del Poder Ejecutivo sobre los permisos diplomáticos habituales para este tipo de operaciones.

El silencio inicial alimentó un inmediato revuelo político en Tierra del Fuego, donde la sensibilidad es máxima. Ushuaia no es solo la ciudad más austral del mundo: es también un nodo estratégico para la proyección antártica, el control del paso bioceánico, la logística naval y aérea del Atlántico Sur y la discusión, siempre latente, sobre la soberanía argentina en Malvinas.

La senadora nacional Cristina López (Unión por la Patria) presentó un pedido formal de informes al Poder Ejecutivo y denunció una “nueva señal de cesión de soberanía”, al tiempo que reclamó explicaciones por el uso de una aeronave militar para trasladar a funcionarios civiles extranjeros. Desde su perspectiva, el episodio se inscribe en una secuencia de gestos de alineamiento automático con Washington por parte del gobierno de Javier Milei.

Fuentes oficiales estadounidenses, en tanto, subrayaron el carácter civil y diplomático de la misión, aunque reconocieron que, por razones de seguridad, el traslado se realizó en un avión de la Fuerza Aérea. La delegación, señalaron, también tiene previsto visitar Neuquén, en una gira orientada a relevar proyectos vinculados a energía, minería y transición ambiental, sectores donde la Argentina concentra activos estratégicos de escala global.

El contexto amplifica la lectura política. Días antes del aterrizaje, el Gobierno nacional dispuso la intervención del puerto de Ushuaia, una infraestructura crítica para el turismo antártico, la actividad pesquera y la logística científica y militar en el extremo sur. La superposición temporal de ambos hechos fue interpretada por sectores opositores como una señal de reconfiguración del control territorial en una zona de altísimo valor geoestratégico.

No es la primera vez que aeronaves militares estadounidenses aterrizan en Ushuaia. En los últimos años lo hicieron altos mandos del Comando Sur, como la generala Laura Richardson y su antecesor, el almirante Craig Faller, en visitas vinculadas al seguimiento del proyecto de la Base Naval Integrada, concebida como plataforma logística antártica y naval de alcance regional. Esa iniciativa, anunciada en 2024 con fuerte respaldo político de la Casa Blanca, fue presentada por el propio Milei como una oportunidad para convertir a la Argentina en “puerta de entrada al continente blanco”.

La dimensión internacional del episodio se inscribe en una disputa más amplia. Estados Unidos busca consolidar su influencia en el Cono Sur frente al avance chino en infraestructura portuaria, minería, energía y telecomunicaciones. En ese marco, Tierra del Fuego aparece como una pieza clave: controla el acceso al Atlántico Sur, proyecta presencia hacia la Antártida y se ubica en una de las rutas marítimas más sensibles del comercio global.

Así, el aterrizaje de un avión militar con congresistas norteamericanos no es un hecho aislado, sino un nuevo capítulo de una puja silenciosa pero constante por el control estratégico del extremo sur. En Ushuaia, donde la geografía se funde con la política internacional, cada movimiento aéreo adquiere un significado que excede largamente la pista de aterrizaje. (Redacción asistida por IA)

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