Una preposición que delata el poder

En Tucumán no es solo un problema gramatical.
Es algo más profundo. Más político. Más conceptual.
Desde hace años (con llamativa persistencia) funcionarios, comunicados oficiales y buena parte de la prensa local se refieren al Ministerio del Interior y al Ministro del Interior. Lo dicen con naturalidad, como si fuera correcto. Como si fuera inocente.
No lo es.
Porque en Tucumán, formal y jurídicamente, existe el Ministerio de Interior. Y no es un detalle menor. Es una diferencia que cambia el sentido completo de la institución.
La trampa del “del”
En español, “del” no es una palabra autónoma: es la contracción de de + el. Y suele usarse para indicar pertenencia, procedencia o dependencia.
Cuando decimos Ministro del Interior, estamos diciendo (aunque no lo pensemos) que ese ministro proviene del interior o que representa al interior como territorio subordinado a otra cosa.
Eso tiene lógica a nivel nacional.
En la Nación, el Ministerio del Interior administra la relación entre el poder central y el interior del país: provincias, municipios, gobernadores. El “interior” como contraparte del centro político y administrativo del país. Ahí el “del” es exacto, casi quirúrgico.
Aunque conviene decirlo sin rodeos: esa lógica también arrastra una carga centralista y egocéntrica. Porque si desde la Nación se habla del “Interior” para referirse a los distritos provinciales, la contracara implícita es evidente: ¿ellos son exterior?. Ellos serían, en todo caso, el centro. O peor aún: la Génesis.
En ese esquema mental (muy arraigado en la cultura política argentina) el país no se concibe como federal sino como concéntrico. Todo parte y todo vuelve a un mismo punto. El resto es periferia administrada.
Pero Tucumán no administra un interior.
Tucumán es interior.
De Interior: función, no procedencia
Cuando hablamos del Ministerio de Interior, la preposición “de” no indica origen sino materia, competencia, responsabilidad.
No es el ministerio que viene del interior.
Es el ministerio a cargo de los asuntos interiores del Estado provincial: municipios, comunas, organización política interna, vínculos institucionales.
- “De” señala función.
- “Del” sugiere pertenencia.
Y ahí está el problema.
El lapsus que no es lapsus
Que el error se repita en discursos, gacetillas oficiales, placas gráficas y títulos periodísticos no lo vuelve correcto. Lo vuelve sintomático.
Porque decir del Interior en Tucumán implica, aunque sea de manera inconsciente, mirarse con los lentes del centralismo. Reproducir una lógica nacional donde no corresponde. Copiar sin pensar.
No es solo una falta gramatical.
Es una falta conceptual.
Las palabras también gobiernan
El lenguaje no es decoración institucional. Es arquitectura de sentido.
Nombrar mal un ministerio es pensar mal su rol. Es vaciar de contenido una función clave del Estado provincial. Es convertir una responsabilidad política en una procedencia geográfica inexistente.
No hay un “interior” dentro de Tucumán que administrar.
Hay una vida institucional interna que gobernar.
Por eso, aunque suene mínimo, insistimos:
No es del Interior.
Es de Interior.
Y no por capricho académico.
Sino porque, a veces, una simple preposición deja en evidencia desde dónde se mira el poder.
(Foto ilustrativa de publicación en redes sociales)