Tucumán en el mapa del desempleo: menos que el promedio, pero lejos de ser una buena noticia

El último informe del INDEC ordena el mapa del empleo en la Argentina y deja una conclusión incómoda: no hay una sola foto del mercado laboral, sino varias. Algunas con tensión al borde de los dos dígitos y otras, como en el NOA, con tasas más bajas pero sostenidas sobre estructuras económicas más frágiles.
En ese tablero, Gran Tucumán-Tafí Viejo marca 5,6% de desocupación al cierre de 2025. Está por debajo del promedio nacional (7,5%), pero no alcanza para leerlo como un dato positivo sin matices. En términos relativos, Tucumán “resiste”. En términos estructurales, no despega. (foto ilustrativa)
La comparación ayuda a dimensionar el cuadro. Mientras el Gran Buenos Aires escala al 8,6% y concentra el mayor volumen de desocupados del país, los grandes centros urbanos de la región pampeana también muestran tensión: Mar del Plata y Gran La Plata rondan el 9,5%. En ese contexto, Tucumán aparece mejor posicionado.
Pero el dato bruto oculta una dinámica conocida en el norte argentino: menor desempleo abierto no implica mayor calidad de empleo. Por el contrario, suele convivir con niveles altos de informalidad, subocupación y baja productividad. Es decir, más gente “ocupada”, pero en condiciones precarias o inestables.
El contraste dentro del propio NOA es igual de elocuente. Salta registra 5,9%, apenas por encima de Tucumán, mientras que Santiago del Estero-La Banda exhibe un llamativo 0,6%, el más bajo del país. Un número que, leído sin contexto, podría interpretarse como pleno empleo, pero que en realidad abre interrogantes sobre la composición del mercado laboral y el peso del empleo público o informal.
El informe también muestra que el problema se agrava en escala: los grandes aglomerados concentran el deterioro. No solo por tasas más altas, sino por volumen. Los partidos del conurbano sumaron cerca de 97 mil nuevos desocupados en un año, y la Ciudad de Buenos Aires otros 18 mil. Tucumán, en cambio, no aparece entre los saltos más bruscos. Otra vez, estabilidad relativa.
Esa “estabilidad” es, en rigor, un techo bajo. Porque el NOA —y Tucumán en particular— no lidera la mejora ni protagoniza los rebotes más dinámicos. Los casos de reducción más marcada del desempleo se dieron en aglomerados más pequeños como Jujuy-Palpalá o Neuquén-Plottier, donde el impacto estadístico es más acotado y no altera el cuadro general.
La lectura política del dato es directa: Tucumán no está en crisis abierta de empleo, pero tampoco en una trayectoria de crecimiento sostenido. Se mueve en una zona intermedia que evita el colapso, pero también posterga cualquier salto cualitativo.
En otras palabras, el problema no es solo cuántos trabajan, sino cómo, dónde y en qué condiciones. Y ahí es donde los números dejan de ser una buena noticia.
El mapa del desempleo no castiga hoy a Tucumán con los peores indicadores. Pero tampoco le ofrece excusas: estar por debajo del promedio no es sinónimo de estar bien. Es, apenas, no estar peor.