trumpautoritarismo

Si uno quiere entender qué se está hablando hoy en los pasillos del poder y en las redacciones más influyentes de Estados Unidos, conviene leer el último artículo de opinión de David Brooks publicado por The New York Times. No es una nota más sobre Donald Trump: es una reflexión de fondo, con mirada histórica, sobre cómo funciona su forma de pensar el poder y por qué genera tanta alarma en sectores amplios de la sociedad norteamericana.

El texto plantea una idea central que hoy se repite cada vez más en Washington, en las universidades y en los grandes medios: Trump no gobierna solo con un estilo confrontativo, sino con una lógica de poder que choca de frente con las reglas clásicas de la democracia liberal estadounidense.

El artículo cuenta que, desde su regreso a la Casa Blanca, Trump viene dejando señales claras de una concepción muy personal del poder. No se trata únicamente de discursos incendiarios o de decisiones polémicas, sino de algo más profundo: la convicción de que el presidente no debe rendir cuentas a nadie más que a sí mismo. Para el Times, ese modo de pensar no es nuevo en la historia, pero sí es peligroso cuando se instala en el corazón de una república con instituciones diseñadas para limitar a los líderes fuertes.

El autor hace un recorrido histórico y muestra que muchos procesos autoritarios no empiezan con golpes de Estado ni con tanques en la calle, sino con la erosión lenta de normas, costumbres y controles. En ese marco, Trump aparece como un caso de estudio: un dirigente que desafía jueces, desacredita a la prensa, presiona a organismos de control y plantea que cualquier límite a su poder es, en el fondo, una traición a la voluntad popular.

En Estados Unidos, explica el New York Times, este debate ya no es académico ni teórico. Se discute en el Congreso, en los tribunales, en las campañas electorales y en la vida cotidiana. ¿Hasta dónde puede llegar un presidente? ¿Qué pasa cuando el liderazgo se apoya más en la lealtad personal que en las instituciones? ¿Y qué enseñan la historia y otras experiencias del mundo cuando esas preguntas no se responden a tiempo?

El artículo no afirma que Estados Unidos viva hoy una dictadura, pero sí deja una advertencia clara: subestimar estas señales fue un error repetido a lo largo del siglo XX. Y la historia, recuerda el Times, rara vez perdona a quienes creen que “aquí eso no puede pasar”. (Fuente; David BrooksThe New York Times)

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