Suben las acciones, pero la desconfianza empuja el riesgo país

La jornada financiera dejó una postal contradictoria para la Argentina: mientras las acciones energéticas lideraron subas y alcanzó valores máximos en más de una década, el riesgo país volvió a escalar hasta los 637 puntos, su nivel más alto en cuatro meses. El movimiento expone una dinámica persistente: mejoras puntuales conviven con una desconfianza estructural que no logra disiparse.
El impulso bursátil tuvo un doble anclaje. Por un lado, la suba del petróleo en un contexto de tensión internacional favoreció a las compañías energéticas. Por otro, un fallo judicial en Estados Unidos alivió el frente legal por la expropiación de 2012, definida durante la administración de . Esa combinación llevó a YPF a niveles cercanos a los previos a la estatización.
Pero el comportamiento de los bonos soberanos volvió a mostrar el límite de esa mejora. La deuda argentina operó en baja y empujó hacia arriba el riesgo país, que sintetiza la percepción global sobre la capacidad de pago y la estabilidad macroeconómica. El mercado, una vez más, separa: reconoce oportunidades en activos específicos, pero no convalida una mejora integral del país.
Ese desfasaje no es nuevo. Se arrastra, con matices, desde la salida de la convertibilidad bajo , pasando por la reconstrucción y expansión del ciclo kirchnerista con y , el intento de normalización financiera durante la gestión de , la vuelta a los desequilibrios en el período de y el actual programa de ajuste y liberalización que impulsa . En todos los casos hubo momentos de entusiasmo en los mercados, pero sin consolidación de confianza de largo plazo.
En la actualidad, el gobierno de Javier Milei exhibe señales que son valoradas en segmentos del mercado —orden fiscal, disciplina monetaria, búsqueda de desregulación—, pero que todavía no logran traducirse en una baja sostenida del riesgo país. La lectura dominante sigue siendo cautelosa: el problema no es solo el programa, sino su viabilidad política y su persistencia en el tiempo.
El contexto internacional tampoco ayuda. La suba del petróleo por encima de los USD 100, en medio del conflicto en , introduce presión inflacionaria global y reduce el apetito por activos emergentes. En ese escenario, la deuda argentina vuelve a quedar expuesta como uno de los eslabones más débiles.
De cara a las próximas semanas, no aparecen elementos que permitan anticipar un cambio sustancial en esta dinámica. Es probable que continúe la volatilidad, con acciones que puedan capturar oportunidades sectoriales —especialmente en energía— mientras los bonos siguen reflejando cautela. El mercado parece dispuesto a celebrar resultados puntuales, pero no a convalidar un giro estructural.
La metáfora futbolera resulta inevitable: el Gobierno muestra capacidad para convertir goles en tramos del partido —fallos favorables, subas sectoriales, señales fiscales—, pero el resultado final sigue siendo adverso. Porque el marcador que observa el inversor no es la jugada aislada, sino la consistencia del juego completo.
Mientras esa consistencia no aparezca, la Argentina seguirá atrapada en su propia paradoja: activos que rinden, pero un país que no termina de generar confianza.