Sangenis, el escudero de Chahla

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En la política, como en las viejas cortes medievales, no siempre es el rey el que empuña la espada. A veces, quien sale primero al combate es el escudero: el que se adelanta, recibe los golpes y devuelve estocadas sin pedir permiso. En la gestión de Rossana Chahla, ese rol tiene nombre y apellido: Alejandro Sangenis.

Nadie sabrá con certeza si actúa por motus propio o respondiendo a una bajada de línea precisa. Lo indiscutible es el patrón: cada vez que alguien osa cuestionar a la intendenta de San Miguel de Tucumán, Sangenis aparece. Y no lo hace con sutileza. Sale con munición gruesa, verbo filoso y una defensa cerrada que no apunta al peronismo como identidad política, sino a una figura concreta: Chahla.

Un actor con recorrido, no un recién llegado

Sangenis no es un desconocido ni un improvisado en la escena política tucumana. Antes de su actual rol como subsecretario de Gobierno de la Capital, fue concejal en Yerba Buena y llegó incluso a ser candidato a intendente de ese municipio. Tiene kilometraje electoral, conoce el barro y entiende el lenguaje del conflicto político.

Su designación en mayo de 2025 como subsecretario de Gobierno por decisión directa de Chahla no fue un salto al vacío, sino la reubicación de un dirigente con experiencia legislativa y ambición ejecutiva. Desde entonces, su exposición pública creció de manera proporcional a su rol defensivo.

El primer duelo del año

El 9 de enero de 2026, frente a los cuestionamientos del diputado nacional Federico Pelli sobre el estado de calles y veredas en la capital, Sangenis eligió el camino más corto: el ataque frontal. En una respuesta publicada por La Gaceta, calificó al legislador de “ignorante” y “lamesuelas”, acusándolo de desconocer normativas básicas y sugiriéndole que antes de opinar debería “caminar la ciudad” (La Gaceta, 9/1/2026).

No fue una defensa técnica ni una réplica administrativa. Fue una toma de posición política clara: blindar a la intendenta y deslegitimar al crítico.

Otro cruce, mismo libreto

Días después, el 30 de enero, la diputada nacional Soledad Molinuevo cuestionó a Chahla señalando que gobernar no es producir contenido para redes sociales. La respuesta volvió a llegar desde el mismo lugar. Sangenis no solo defendió la gestión municipal, sino que acusó a Molinuevo de incurrir en prácticas de nepotismo familiar, comparando irónicamente a Concepción con una Venecia sin glamour y con agua hasta el cuello. (La Gaceta, 30/1/2026)

Otra vez, el esquema se repitió: no discutir solo el fondo de la crítica, sino correr el eje hacia la legitimidad política y moral del interlocutor.

Lealtades que no son nuevas

Hay un dato que completa el cuadro y le agrega espesor político a la figura: Sangenis ya fue escudero antes. En etapas anteriores, cumplió un rol similar en la defensa pública del gobernador Osvaldo Jaldo, oficiando de alfil político-ofensivo cuando el mandatario era blanco de cuestionamientos.

Hoy, ese mismo estilo —con idéntica contundencia verbal— está puesto al servicio de la intendenta capitalina. No es casualidad: Sangenis no defiende estructuras ni doctrinas; defiende liderazgos. Ayer Jaldo. Hoy Chahla.

El escudero y la dama

En las crónicas medievales, el escudero no gobernaba ni decidía el rumbo del reino. Pero era imprescindible para sostener la autoridad del poder central. En la San Miguel de Tucumán de 2026, Alejandro Sangenis parece haber asumido ese papel con convicción: anticiparse a las críticas, absorber el desgaste y dejar a la intendenta a resguardo del cuerpo a cuerpo político.

Puede resultar una obviedad. Pero las obviedades, cuando se repiten, construyen sentido. Y en este caso, la historia se escribe sola: cada ataque a Chahla encuentra, casi sin excepción, a su escudero listo para el combate.