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Show político, rock libertario, fábrica, teatro y protestas: el Presidente convirtió su paso por Mar del Plata en una gira donde la gestión quedó en segundo plano y el espectáculo volvió a ocupar el centro de la escena.

por Redacción asistida por IA

Mar del Plata siempre fue vidriera. Capital del verano, pasarela política, escenario donde el poder ensaya cercanía popular y los dirigentes prueban rating. Javier Milei lo sabe. Y por eso decidió estirar su paso por La Feliz como quien prolonga funciones exitosas: con agenda cargada, cámaras encendidas y un libreto que mezcla gestión, militancia y show sin pedir permiso.

El Presidente llegó con su ya conocido “Tour de la Gratitud”, una gira que tiene menos de balance institucional y más de recital itinerante. Caminatas entre militantes, selfies, megáfono en mano y consignas repetidas como estribillos. “¡Viva la libertad, carajo!”, coreado como mantra, volvió a sonar en calles donde el clima de temporada convivió con un malestar social que no se disimula tan fácil.

Helado, fotos y relato productivo

La primera parada fue en el Parque Industrial General Savio, con una visita a la fábrica de helados Lucciano’s. Delantal blanco, sonrisas medidas y discurso enfocado en la producción privada como símbolo de la Argentina que Milei dice querer consolidar. La postal buscó mostrar cercanía con el trabajo y la industria, aunque afuera del predio ya se escuchaban reclamos: jubilados, trabajadores y sectores golpeados por el ajuste se manifestaron sin demasiadas vueltas.

La escena se repetiría durante toda la jornada: adentro, aplausos; afuera, bocinazos y gritos de protesta. Dos países superpuestos en una misma ciudad turística.

Teatro, ex pareja y rock presidencial

Pero si algo define a Milei es su capacidad para correr los límites de lo esperado. Y Mar del Plata, capital histórica del espectáculo, fue el marco ideal. El Presidente asistió al Teatro Roxy para ver Fátima Universal, el show de Fátima Florez, su ex pareja y figura central del humor político argentino. No fue una visita discreta. Hubo ensayo previo, ovación del público y un momento que rozó el delirio performático: Milei subido al escenario para cantar El Rock del Gato junto a la artista.

La política se volvió varieté. El Presidente, protagonista absoluto. El teatro, convertido en set. Afuera, otra vez, protestas, insultos, empujones y hasta un detenido tras golpear un vehículo de la comitiva presidencial. Mar del Plata como espejo ampliado de una Argentina partida entre fascinación y hartazgo.

Derecha Fest: cierre ideológico

El broche fue la Derecha Fest, un encuentro de militancia libertaria que funcionó como acto político y celebración identitaria. Milei habló sin matices: defensa de la derecha liberal, épica antiestatista y el mensaje recurrente de estar “haciendo historia” frente a un auditorio convencido. No hubo anuncios de gestión ni referencias concretas a la economía cotidiana. Sí hubo arenga, aplausos y una puesta en escena pensada para redes y titulares.

Mientras tanto, operadores turísticos y sectores comerciales observaban con preocupación una temporada que no termina de despegar, en contraste con el clima festivo que proponía la agenda presidencial.

Política en modo temporada

La visita de Milei a Mar del Plata dejó algo más que fotos y discursos: confirmó un estilo. El Presidente gobierna como actúa, y actúa como gobierna. Cada aparición es una escena, cada traslado una performance, cada consigna un latiguillo diseñado para fidelizar a los propios y provocar a los otros.

En la Costa, Milei hizo temporada. Con show, con rock, con ideología dura y con una ciudad que, entre aplausos y protestas, volvió a ser escenario privilegiado de una Argentina donde la política ya no se explica solo desde la gestión, sino desde el espectáculo permanente.

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