Macchiarola, cuestionado y en silencio

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La política municipal de Yerba Buena ingresó, sin anuncios formales, en una fase de exposición abierta. No hubo actos ni lanzamientos, pero sí señales claras: denuncias públicas, réplicas cruzadas y una ausencia que se vuelve costumbre. El centro de la escena es el intendente Pablo Macchiarola, cuestionado por la oposición y sostenido, una vez más, por el silencio.

El punto de partida fue la denuncia del concejal libertario Álvaro Apud, quien puso bajo la lupa la estructura política del Ejecutivo municipal. Según afirmó, la gestión habría incorporado más de 80 cargos jerárquicos, una cifra que —de ser correcta— entra en tensión directa con el discurso de austeridad y eficiencia administrativa que el oficialismo local suele reivindicar.

El planteo no se formuló en clave declamativa. Apud apuntó a una contradicción entre el discurso público y la práctica de gestión, cuestionando la expansión del aparato político en un municipio atravesado por limitaciones presupuestarias y crecientes demandas sociales. El señalamiento fue concreto: no es posible hablar de achicamiento del Estado mientras se amplía la estructura jerárquica.

La respuesta oficial llegó, aunque no desde el despacho del intendente. La réplica fue asumida por la concejal Agustina Simón Padrós, alineada con Macchiarola, quien negó de plano la cifra denunciada y calificó la acusación como falsa. Sostuvo que el organigrama municipal es público, que no existen 80 cargos jerárquicos y que los datos pueden ser verificados.

El cruce, sin embargo, rápidamente dejó el terreno técnico. La edil oficialista cuestionó la trayectoria política del denunciante y sugirió que la acusación responde más a una estrategia de posicionamiento que a un análisis serio de la administración municipal. El debate derivó así al plano personal, un terreno habitual cuando los números se discuten sin ámbitos institucionales de contraste.

En medio de ese intercambio, el dato más relevante volvió a ser el de siempre: el intendente Macchiarola no habló. No hubo comunicado oficial, ni conferencia de prensa, ni exposición de cifras propias. El Ejecutivo optó por delegar la defensa política en sus concejales y mantener al jefe comunal al margen del debate público.

La escena resulta conocida: concejales discutiendo en redes sociales, acusaciones cruzadas y un intendente que administra el silencio como “estrategia”. Paradójicamente, el ámbito natural para este tipo de discusiones es el Concejo Deliberante, donde existen herramientas formales para solicitar informes, contrastar datos y ejercer control político. Sin embargo, el debate se traslada al espacio digital, con lógica de campaña más que de gestión.

Más allá de la disputa por la cifra exacta, el episodio deja una señal inequívoca: en Yerba Buena la discusión política ya está en marcha. Y cuando la política discute poder, el silencio del Ejecutivo no es neutral. Es una decisión.

Mientras los concejales se cruzan en público, el intendente calla. Y en política, el silencio también comunica.

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