La sífilis vuelve a crecer en Argentina y reabre una vieja pregunta: ¿quién se hace cargo?

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Los casos de sífilis aumentaron 26% en 2025 y 71% frente al promedio de los últimos años. El periodista Guillermo Lipis advierte sobre la caída de políticas de prevención y especialistas sostienen que el problema ya no es sólo sanitario: es político.

La sífilis volvió a entrar en la conversación pública. No por nostalgia epidemiológica sino por números. Según el Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud, en 2025 los diagnósticos crecieron un 26% respecto al año anterior y un 71% frente al promedio de 2020-2024, superando los 55.000 casos en todo el país.

El dato funciona como disparador de un análisis más amplio que el periodista Guillermo Lipis desarrolla en el portal “¿Y ahora qué?”, donde plantea que el resurgimiento de esta infección de transmisión sexual no responde solamente a conductas individuales sino, sobre todo, a la retracción de políticas públicas de prevención.

La mayoría de los contagios se concentra entre jóvenes de 15 a 39 años, aunque el fenómeno ya no reconoce fronteras sociales ni etarias. Los especialistas advierten que también se detectan casos en adultos mayores y en instituciones geriátricas, un escenario que obliga a revisar supuestos sobre cómo circulan hoy las infecciones de transmisión sexual.

El médico sanitarista Rubén Torres identifica tres factores que ayudan a explicar el repunte: el retroceso cultural en el uso del preservativo, la ausencia de campañas de información sostenidas y la caída en la distribución gratuita de profilácticos que durante años impulsó el Estado.

La sífilis es causada por la bacteria Treponema pallidum. Tiene tratamiento eficaz con penicilina, pero su evolución sin diagnóstico puede derivar en daños neurológicos, cardiovasculares o cognitivos severos. Además, cuando se transmite durante el embarazo puede provocar sífilis congénita, una de las formas más graves y evitables de la enfermedad.

Para el especialista en financiamiento sanitario Federico Tobar, asesor del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), el aumento de casos revela un problema más estructural. “La sífilis no es un fracaso individual: es una omisión del Estado”, plantea en diálogo con el medio.

Tobar recuerda que prevenirla es una de las intervenciones más baratas de la salud pública. Un preservativo adquirido a gran escala cuesta apenas centavos, mientras que tratar una infección puede rondar los 50 dólares y los casos de transmisión al recién nacido pueden superar los 1.500 dólares en costos sanitarios.

El punto crítico, sostiene, es que el problema no se resuelve repitiendo recetas del pasado. La expansión de la enfermedad atraviesa clases sociales, edades y territorios. Por eso propone campañas de prevención que salgan de los formatos tradicionales y vuelvan a colocar el tema en el centro de la agenda pública.

Paradójicamente, Argentina supo enfrentar esta enfermedad con éxito hace más de siete décadas. En 1948 el sanitarista Ramón Carrillo impulsó una estrategia estatal que combinaba campañas sanitarias, control médico y políticas activas de prevención, logrando que la sífilis dejara de ser causa frecuente de muerte en el país.

Hoy el debate vuelve a empezar desde otro lugar. Mientras los contagios crecen y las políticas preventivas pierden intensidad, la discusión ya no gira sólo en torno a la conducta individual. La pregunta es más incómoda y más política: quién se hace cargo de evitar lo que, en términos sanitarios, sigue siendo una de las enfermedades más prevenibles.

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