La pérdida de la capacidad de asombro

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sistoteran

Sociedades anestesiadas por el absurdo

La inconfundible voz de León Gieco se eleva armoniosa en dirección a las estrellas y la gente baila al compás de su música mientras se escuchan las estrofas de su poesía hecha canción: “Solo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente…”.

El público corea los estribillos, ríe y se menea con entusiasmo. Yo, en medio de ellos hago lo mismo, pero mi alter ego se pregunta, abriéndose paso entre los acordes, si estos entusiastas y alegres participantes del evento tienen en verdad conciencia cabal de la profundidad del reclamo social que sus versos proclaman.

La vida es una epopeya individual que forzosamente transcurre en un cosmos que nos envuelve y se desarrolla en comunidad.

Pero los individuos tenemos una natural propensión a considerarnos centro del universo, principio y fin de todo lo existente. La empatía es un ejercicio consciente que requiere mirar la realidad del otro, asimilarla e intentar comprenderla y compatibilizarla con la nuestra.

La indiferencia es la contracara fatídica de la solidaridad. Es el individuo aferrado a su yo sin importarle nada de lo que le ocurre al otro. Es fácil, muy fácil, no mirar al prójimo, ignorar sus sufrimientos y despreocuparnos de todo lo que directamente no nos concierne, al menos en apariencia.

En verdad creo que la vigencia de mi individualidad es solo comprensible si la vinculo con la invisible trama de secuencias que me conectan con el universo, por lo que considero pecado capital la indiferencia ante el dolor ajeno.

Es sabido que nuestra mísera insignificancia no alcanza para paliar los dolores del mundo, ni los del planeta que nos contiene, ni los de los seres vivos con los que convivimos. Pero el secreto de una existencia plena se explica en el último párrafo de la canción cuando nos dice “que la reseca muerte no nos encuentre vacíos y solos sin haber hecho lo suficiente”.

Quizás allí, en esa idea, radica mi obsesión perseverante por volcar en el papel mis pensamientos. Necesito dejar constancia de mi vocación permanente por el diálogo como elemento esencial del relacionamiento humano, la única posibilidad racional de reducir la violencia feroz con que los seres humanos se han tratado casi desde los albores mismos de la humanidad.

Tal vez mi voracidad de lector esté emparentada también con el afán de vivir mil vidas por interpósitas personas (los autores) y la sensibilidad que me produjo sumergirme en la literatura, me hizo sentir como propias vivencias de terceros, llegando incluso a las lágrimas al ver morir al legendario Porthos de Alejandro Dumas, al gigante Longinos Podbipieta de Henryk Sienkiewicz, o la de Frankie, el compañero y amante de Silvina Bullrich. Los primeros personajes de ficción, el último hombre de carne y hueso del que solo tuve referencias a través de la novela “Los Pasajeros del Jardín”, cuya lectura recomiendo con entusiasmo.

Como León Gieco, me rehúso a dejar que la indiferencia me envuelva con su pátina helada y frívola, y no deseo la calma de la ignorancia, quiero hacer, si no lo suficiente, al menos lo que esté a mi alcance, para que la guerra y el dolor no me sean indiferentes.

Con plena conciencia de la insignificancia de mi voz, la elevo, no obstante, con la esperanza de ir sumando voces contra el odio y la vulgaridad prepotente que se han enseñoreado de nuestro marco comunicacional.

Es tan brutal y ensordecedor el estallido de violencia verbal que nos llega a diario, que no solo dificultan escuchar las voces del equilibrio y la mesura, sino que estamos llegando al extremo de haber perdido completamente nuestra capacidad de asombro.

Y esto es peligroso, porque estamos de alguna manera naturalizando el sinsentido, la destrucción del pensamiento crítico y avalamos el insulto como mecanismo de dirigirnos entre los miembros de una sociedad. El odio es una masa viscosa que nos enferma y nos divide, pero ya no nos asombra, pareciera que gustosos nos dejamos llevar por las más bajas emociones y tenemos tendencia a justificar lo injustificable.

Tampoco nos asombra la Mentira. La Verdad parece haber perdido sentido y dignidad. El relato repetido y agresivo perfora nuestros cerebros creando un esquema identitario que promueve división y nos polariza en bandos enfrentados a muerte.

Si nuestro presidente Javier Milei deja de lado sus funciones para subirse a un escenario con su ex novia Fátima Florez para desgañitarse cantando una versión desafinada del “Rock del Gato”, nadie se asombra y muchos lo aplauden. Si 28 empresas y comercios cierran sus puertas cada día durante los primeros dieciocho meses de su gobierno y casi trescientos mil empleados registrados pierden su trabajo en el mismo período, a nadie le preocupa. Los escándalos de corrupción que involucran al propio Mieli y su hermana, las estafas con criptomonedas, las coimas y sobreprecios en la compra de medicamentos, ya no escandalizan a ninguna persona.

Trump desde su sitial de líder de la nación más poderosa militarmente hablando del mundo ha iniciado un mecanismo interno de persecución de sus propios ciudadanos dentro de sus fronteras nacionales, viola todas las reglas del Derecho Internacional y preconiza la vigencia de la ley del más fuerte, desarticula acuerdos comerciales trabajosamente consagrados tras décadas de diplomacia y negociaciones, insulta a sus aliados y amenaza con bombas y guerra a distintos países del mundo. De nuevo aquí a nadie parece esto asombrar.

Esta pérdida de capacidad de asombro tiene como consecuencia un subproducto preocupante: anestesia la conciencia social de los pueblos.

Cuando lo irracional se vuelve habitual, pierde su efecto de rechazo para pasar a formar parte del curso natural de las cosas, al menos en apariencia.

Pero los procesos sociales, como la vida misma, tienen desarrollo y conclusión. Nadie puede predecir cuando la paciencia de los pueblos se agota.

En Minnéapolis otra muerte absurda ha sacudido los Estados Unidos.

Alex Pretti era un muchacho de 37 años de edad. Trabajaba como enfermero en la unidad de cuidados intensivos en un hospital de Minnesota. Hombre con una clara conciencia social, protestaba pacíficamente contra la violencia desatada en las calles de su ciudad por los efectivos del ICE. A las 10 y 30 de la mañana del 24 de enero de este año 2026, se apostó en la confluencia de las calles 26 y Avenida Nicollet, en Minneápolis. Allí con su teléfono celular en mano se propueso filmar a estos vándalos, émulos grotescos de las funestas camisas pardas de Adolf Hitler. Avistado por estos patoteros armados fué empujado al suelo y le dispararon varias veces a sangre fría asesinándolo de manera bestial.

Pretti era ciudadano estadounidense, paradójicamente caucásico, con trabajo estable. Nada de esto impidió su salvaje asesinato. Los asesinos gozan de impunidad propiciada por Donald Trump y sus seguidores no dudan en calificar a la víctima como un “terrorista doméstico”, persistiendo en la falsedad de su relato contradicho por las filmaciones que muestran la verdad de lo sucedido.

Es una grave enfermedad social cuando la vida de los individuos empieza a no tener valor y se justifica el asesinato.

No quiero permanecer indiferente ante la muerte de Renée Good y Alex Pretti, sucedieron muy lejos de mi Argentina, pero eso no quita que el horror me inspire una natural repulsión de la que quiero y debo dejar constancia escrita.

La extinción abrupta, injusta y absurda de un ser humano debe siempre producirnos rechazo, se trate de quien se trate, piense como piense. Lo que debiera ser un rasgo común de esencial humanidad ha empezado a parecer una extravagancia fortuita en un contexto donde el odio parece predominar.

Mis hijas me pedían encarecidamente que en el artículo de hoy abordara los extraños y preocupantes sucesos acaecidos en los últimos días en torno a la intervención entre gallos y media noche por parte del gobierno nacional del Puerto de Usuhahia y un extrañísimo vuelo de congresistas norteamericanos del que se están filtrando datos más que preocupantes en tornos a las apetencias militares y de explotación de minerales que los norteamericanos demuestran tener en esa porción austral de nuestra querida patria.

¿Es necesario ser muy inteligente para entender que se perfila una entrega a traición de parte de nuestros recursos naturales y nuestra soberanía nacional? ¿En verdad nos parece lógico que Milei quiera, por megalomanía personal, involucrar a la Argentina en el epicentro de los principales conflictos mundiales? ¿En serio creen algunos que el vasallaje y la cesión de derechos soberanos es la solución para nuestro país?

Estoy muy preocupado por el tema y me documentaré más en profundidad antes de escribir sobre el mismo. Es demasiado grave para abordarlo de manera superficial.

Otro de mis lectores me urgía que retornara a mis análisis de la realidad económica argentina, que volviera a hablar del industricidio, las pérdidas de empleo, y de la inflación que no solo persiste, sino que ha venido incrementándose peligrosamente en los últimos meses. Nadie parece advertir que la inflación de Agosto 2025 fue del 1,9%, la de Septiembre 2,1%, la de Octubre 2,3%, la de Noviembre 2,5% y la de Diciembre del 2,8%.

O sea que la inflación viene subiendo sistemáticamente en los últimos cinco meses del año pasado, a pesar del enorme ajuste y caída del consumo que se registran en nuestro país.

Los dos temas sugeridos me importan, y mucho, pero he preferido hoy poner el énfasis en la necesidad vital que tenemos como sociedad de recuperar nuestra capacidad de asombro y salir de la anestesia paralizante en que estamos sumidos a raíz de nuestra incomprensión de que todo el panorama no es más que un montaje destinado a dejarnos indefenso ante el avance de intereses económicos muy poderosos que son los únicos beneficiarios de un sistema esquizofrénico donde festejamos la baja de los impuestos a los ricos a expensas de la cobertura social de los más necesitados.

Como en la canción, le pido a Dios que no seamos indiferentes.

En un atisbo de esperanza sanadora, observo que hay voces que están empezando a reaccionar. Las manifestaciones multitudinarias en Estados Unidos van tornando cada vez más complejo para Trump la persistencia en sus políticas intimidatorias

El valiente discurso del Primer Mandatario de Canadá en Davos, los acercamientos de la Unión Europea a la India y a China, las reacciones de los Bancos Centrales europeos desprendiéndose de bonos del tesoro de los Estados Unidos, la cohesión europea en la defensa de Groenlandia, que incluyó envío de tropas a la región, fueron logrando que, al menos de momento las pretensiones de expansión territorial de Trump, fueran suavizándose un poco. El reclamo por la dignidad nacional de los ciudadanos de cada una de las naciones insultadas a mansalva por Trump se ha hecho sentir en sus gobernantes quienes, después de comprensibles titubeos generados por la sorpresa de verse atacados y agraviados por quien hasta ayer era su principal aliado, están empezando a reaccionar.

En la Argentina, por ahora solo veo una pasiva resignación y una inacción paralizada de todos los anticuerpos políticos y sociales, abrumados ante una realidad que no supieron enfrentar en su momento y que han perdido hasta el ejercicio de los propios mecanismos de supervivencia.

Por ahora solo voces aisladas parecen pregonar en el desierto. Baby Etchecopar y Marcelo Longobardi, hacen sus monólogos que pocos escuchan, pero que denotan ya hastío y preocupación. Los destaco a modo de ejemplo, por su conocida raigambre antiperonista, y Baby incluso se confiesa votante de Milei, pero desbordado por la crueldad de las políticas de gobierno siente el imperativo moral de mostrar su disidencia. El dogmatismo extremo de los libertarios empieza a producir fastidio inclusive en muchos de los empresarios que hasta hace poco lo recibían entre aplausos.

Por eso hay que hablar, hay que escribir, hay que pensar. La apatía y la indiferencia son el campo propicio para el sostenimiento de un plan que está desmantelando el sistema de salud y educación pública, la cultura popular (con la excepción de aquellos artistas que hacen subir al escenario al Presidente de la Nación), las pymes, los jubilados, los discapacitados, etc.

Tenemos que decir en alta voz que nos parece una falta de respeto que Milei cante y baile mientras nuestra clase media se desmorona.

Hay que escribir y gritar que es una insensatez que Argentina forme parte de un “Consejo de la Paz” unilateralmente creado por Trump, pagando un fee de 1.000 millones de dólares.

Hay que gritar a los cuatro vientos que Argentina es un país que defiende la Paz y la Neutralidad como valores esenciales de la humanidad y que no formaremos parte, ni directa ni indirectamente de ningún conflicto bélico. No somos guerreros, somos hombres de paz y concordia, nuestro pueblo se ha nutrido del aporte invalorable de una inmigración que ha huído del hambre y la muerte después de las dos grandes guerras mundiales. No debemos dejar que, a escondidas se apoderen de nuestros recursos minerales y debemos proteger la sanidad de nuestro ecosistema ambiental.

En mi vida, por naturaleza esencial vital y optimista, no dejo resquicio a la desesperanza. Por eso creo en la fuerza de la palabra, en la reivindicación de la aproximación a lo verdadero, en el poder de la mente para transformar las realidades.

Por eso me asombro y me seguiré asombrando ante la barbarie. Por eso me niego a disfrutar en calma mi individualidad. Por eso cada jueves publico lo que pienso y agradezco a quienes me leen y me ayudan al leerme. Al hacerlo contribuyen a sembrar la semilla del argumento como factor disuasivo del conflicto.

El susurro leve de miles y millones de voces pregonando paz y armonía se convertirá con paciencia en un estruendoso clamor por un mundo mejor, inclusivo e integrado.

¡Solo le pido a Dios que lo injusto no me sea indiferente!

Sisto Terán Nougués

Enero 29 del 2026

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