La curiosidad: tu mejor activo frente a la IA

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El reciente análisis de Opy Morales en Infobae pone el dedo en la llaga de una realidad que ya no se puede ignorar: en 2026, la brecha laboral no es tecnológica, es de actitud. Mientras las corporaciones prometen planes de capacitación que llegan tarde y mal, los profesionales que están “ganando” el juego son aquellos que no esperaron el permiso de Recursos Humanos para empezar a experimentar.

1. El fracaso de la formación corporativa

Según Morales, existe una desconexión crítica. Aunque el 77% de las empresas asegura que formará a su gente en IA para 2030, la velocidad del despliegue tecnológico ha dejado estos planes en papel mojado. El problema es estructural: los cursos internos suelen ser rígidos, aburridos y quedan obsoletos antes de que el empleado termine el primer módulo.

Aquí es donde entra la “ventaja invisible”: la curiosidad autodidacta. En un entorno donde solo el 13% de los trabajadores ha recibido formación formal, quienes dedican una hora de su domingo a probar un nuevo modelo de lenguaje o a automatizar una tarea tediosa por su cuenta, le sacan años de ventaja al resto.

2. El fin del “Saber” y el reinado del “Aprender”

Para sumar sustancia al debate, vale citar el concepto de “vida media de las habilidades” que plantea el World Economic Forum. Hace una década, lo que aprendías en la facultad te servía por 10 o 15 años; hoy, una habilidad técnica en IA puede quedar obsoleta en 18 meses.

Esto nos lleva a lo que Morales define como plasticidad mental. Ya no importa cuánto sabés de una herramienta específica, sino qué tan rápido podés descartar lo viejo para adoptar lo nuevo. Es el fin de los especialistas estáticos. Como bien señala el historiador Yuval Noah Harari en sus reflexiones sobre el trabajo, el mayor desafío del siglo XXI no es la explotación, sino la irrelevancia. Quien no tiene la curiosidad de “resetearse” corre el riesgo de volverse invisible para el mercado.

3. El choque generacional y la “trampa de la experiencia”

Uno de los puntos más provocadores del artículo de Infobae es el cuestionamiento a la jerarquía tradicional. En 2026, tener 20 años de experiencia puede ser un lastre si viene acompañado de soberbia.

  • El riesgo: Jefes que, por miedo a perder autoridad, bloquean la implementación de IA o desprecian las soluciones propuestas por empleados más jóvenes.
  • La oportunidad: La “mentoria inversa”. Las empresas que están sobreviviendo son aquellas donde el director se sienta con el pasante a entender cómo un prompt bien diseñado ahorra 10 horas de trabajo.

4. La IA como el “Nuevo Inglés”

Si en los 90 saber computación era un diferencial y en los 2000 lo era el inglés, en 2026 la IA es la alfabetización básica. No usarla es elegir ser analfabeto funcional. Según fuentes como MIT Technology Review, la IA no va a reemplazar a los humanos, sino que los humanos que usan IA reemplazarán a los que no la usan.

Para el debate:

El texto de Morales nos deja preguntas incómodas para tirar sobre la mesa:

  • ¿Estamos contratando por lo que la gente sabe hacer o por su capacidad de aprender lo que todavía no existe?
  • Si tu empresa te ofrece un curso de IA, ¿es una herramienta de crecimiento o simplemente un “check” burocrático para RRHH?
  • ¿Cuánto tiempo de tu semana dedicás a la “curiosidad pura” sin que nadie te lo pida?

Conclusión: La verdadera ventaja competitiva en 2026 no se compra ni se certifica en LinkedIn. Es una chispa individual. Como dice Morales, es la capacidad de ser un principiante eterno en un mundo que no deja de cambiar.

Fuentes: * Inteligencia artificial y trabajo: la ventaja que más vale en 2026…, por Opy Morales (Infobae).

  • Reporte sobre el Futuro del Empleo, World Economic Forum.
  • 21 lecciones para el siglo XXI, Yuval Noah Harari.