La Araña picó dos veces: Julián y el arte de castigar el miedo ajeno

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Hay noches en las que el fútbol se reduce a una cuestión de colmillos. En el Estadio Metropolitano, el Tottenham salió a jugar los octavos de final de la Champions League con las piernas de papel y el Atlético de Madrid, de la mano de un Julián Álvarez en estado de gracia, le cobró cada vacilación con intereses de usurero. Fue un 5 a 2 rotundo, pero sobre todo, fue una lección de oportunismo del delantero cordobés, que transformó la impericia del arquero checo Antonín Kinský en una tragedia deportiva en apenas quince minutos.

El cronómetro no había llegado a los cinco minutos cuando el pánico se instaló en el área inglesa. Kinský, víctima de un césped que parecía de jabón y de una presión asfixiante, resbaló en el momento menos oportuno. La pelota le quedó servida a Lookman, quien conectó con Álvarez. Julián, que entiende el juego como pocos, no pecó de egoísmo: levantó la cabeza y asistió a Marcos Llorente para que el español fusilara con un remate cruzado. Era el 1 a 0 y el preludio de un vendaval.

Lo que siguió fue el “Show del Error”, como bien lo bautizó Mariano Closs en la transmisión oficial. Tras el segundo tanto de Antoine Griezmann —producto de otra distracción defensiva, esta vez de Van de Ven—, llegó el momento que sentenció la carrera de Kinský en el partido. A los 14 minutos, el arquero intentó un pase de zurda, el balón le rebotó insólitamente en su pierna derecha y ahí estaba él. La “Araña” no necesitó invitación; capitalizó el blooper y empujó la redonda al fondo de la red para el 3 a 0. Fue tan estrepitoso el papelón que Postecoglou retiró al arquero antes de los veinte minutos, un cambio que fue más una ejecución pública que una variante táctica.

El descuento de Pedro Porro y el gol de Le Normand en esa primera mitad frenética no alteraron la narrativa. El Atlético de Simeone se replegó cuando debió y golpeó cuando el rival amagó con la rebelión. Ya en el complemento, tras una intervención milagrosa de Jan Oblak ante un cabezazo de Richarlison, el equipo del “Cholo” sacó una contra de manual. Julián Álvarez, el hombre de la noche, lideró la réplica con la voracidad de quien nunca tiene suficiente. Encaró a Vicario —el reemplazo del desdichado Kinský— y definió con un derechazo cruzado, seco, al ángulo inferior.

El 5 a 2 final, sellado por Solanke sobre la hora, decora un resultado que en realidad se explicó mucho antes. El Atlético puso un pie en los cuartos de final porque tuvo jerarquía donde al Tottenham le sobró ingenuidad. Y sobre todo, porque tiene a Julián Álvarez, un futbolista que no solo juega, sino que caza errores. En la capital española, la Araña picó dos veces y dejó al equipo londinense al borde del abismo europeo.