Italia: siamo fuori della copa

El tetracampeón se quedó afuera del Mundial por tercera vez consecutiva. La Azzurra profundiza una crisis inédita entre campeones del mundo: 16 años sin protagonismo, tres eliminaciones seguidas y un impacto que excede lo deportivo
La eliminación de la Selección de Italia ante la Selección de Bosnia y Herzegovina no es un resultado más: es la confirmación de una anomalía histórica. La Azzurra, cuatro veces campeona del mundo, quedó fuera de la Copa por tercera edición consecutiva tras caer por penales (1-1, 4-1), en un partido condicionado además por la expulsión sufrida antes del entretiempo.
El dato excede la coyuntura. Italia no disputa un Mundial desde Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014 y no logra superar una fase de grupos desde Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006, cuando se consagró campeona. Desde entonces, el recorrido muestra un retroceso sostenido: eliminación rumbo a Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018, nueva ausencia en Copa Mundial de la FIFA Qatar 2022 y ahora la repetición del fracaso hacia 2026.
En perspectiva comparada, la dimensión del derrumbe es aún más evidente. Ningún otro campeón del mundo con peso histórico acumulado presenta una secuencia similar en la era moderna. La Selección de Brasil nunca faltó a un Mundial. La Selección de Alemania solo se ausentó en contextos extradeportivos. La Selección de Argentina no clasificó en 1970, pero desde entonces mantuvo continuidad. Incluso selecciones con ciclos irregulares como la Selección de Uruguay o la Selección de Francia no encadenaron tres ausencias consecutivas en tiempos recientes. Italia rompe esa lógica.
El partido ante Bosnia sintetizó esa fragilidad. Con un jugador menos desde el minuto 41, el equipo resistió hasta los penales, pero volvió a fallar en el momento decisivo. Los errores de Pio Esposito y Bryan Cristante sellaron una eliminación que ya no sorprende por su existencia, sino por su repetición.
En ese escenario, el caso de Mateo Retegui (foto) funciona como síntesis. El delantero eligió nacionalizarse italiano y apostar por un proyecto que le ofrecía protagonismo inmediato y la posibilidad concreta de disputar un Mundial, resignando incluso la chance de competir en la Selección de Argentina. La decisión, racional en su contexto, quedó atrapada en la crisis estructural del equipo: Italia no solo no compite, directamente no llega.
Bosnia, en cambio, capitaliza. Su clasificación la deposita en un grupo junto a la Selección de Canadá, la Selección de Qatar y la Selección de Suiza. Para una selección con escasa tradición mundialista, es oportunidad. Para Italia, es síntoma.
Pero el impacto no se agota en lo deportivo. La ausencia de Italia implica la salida de uno de los mercados más influyentes del fútbol global. Menor audiencia en Europa, caída en la atracción de patrocinadores, pérdida de peso en la negociación de derechos televisivos y una narrativa internacional que se reconfigura sin uno de sus actores históricos. Italia no es solo una selección: es una marca estructural del negocio fútbol.
El punto, entonces, ya no es la derrota puntual. Es la reiteración. En términos estadísticos, cuando un evento improbable se repite de manera sistemática, deja de ser accidente para convertirse en patrón. Italia, tetracampeona del mundo, empieza a encajar en esa categoría. Y ahí radica la verdadera dimensión de la noticia.