Incidentes fuera del Congreso y un debate maratónico en el recinto

conresodisturbios

Mientras el Senado de la Nación se convertía en un búnker de negociaciones frenéticas para dar media sanción a la Reforma Laboral, las calles aledañas al Congreso se transformaban en un teatro de operaciones donde el “protocolo antipiquetes” y la resistencia sindical colisionaron con una violencia que no se veía desde el inicio de la gestión de Javier Milei.

Puertas adentro del Palacio, el clima no era menos hostil. El oficialismo, consciente de que no tiene margen para el error, desplegó una estrategia de control total. Por orden directa del Presidente, la “mesa política” —encabezada por Karina Milei, Manuel Adorni y los hermanos Menem— se instaló en el Senado. No buscaban solo presencia, sino garantizar que los acuerdos alcanzados tras las concesiones de último momento a los gremios (como las modificaciones en las cuotas solidarias y ciertos regímenes de indemnización) no se desmoronaran en el debate artículo por artículo.

La sesión, de carácter maratónico, comenzó con un quórum ajustado y bajo la sombra del luto: la confirmación del fallecimiento de la histórica dirigente chaqueña Sandra Mendoza tiñó de negro el inicio del debate, obligando a un breve paréntesis de respeto antes de retomar la batalla dialéctica. La oposición dura, liderada por el kirchnerismo, denunció que la reforma es un “retroceso de un siglo”, mientras que los bloques dialoguistas oscilaron entre el apoyo crítico y la exigencia de mayores garantías para las PyMEs.

Gas, piedras y bombas molotov

Afuera, la realidad era de una crudeza absoluta. Lo que comenzó como una movilización masiva de la CGT y las CTA —que partió desde Plaza de Mayo con columnas de sindicatos pesados como Aceiteros, la UOM y Camioneros— derivó en incidentes graves pasadas las 10:30 de la mañana.

El esquema de seguridad, un comando unificado entre fuerzas federales y de la Ciudad, aplicó el protocolo de forma estricta. La tensión escaló cuando grupos de manifestantes del MST y el PTS intentaron vulnerar el vallado sobre la Avenida Entre Ríos. La respuesta fue inmediata: camiones hidrantes y gas lacrimógeno. Sin embargo, la violencia dio un salto cualitativo cuando aparecieron bombas molotov lanzadas contra la Policía Federal.

El saldo parcial a media tarde:

  • Heridos: Al menos tres efectivos de Gendarmería y uno de la Policía Federal con quemaduras y contusiones.
  • Detenidos: Dos manifestantes identificados por las cámaras de seguridad mientras rompían veredas para utilizar los escombros como proyectiles.
  • Operativo de limpieza: El Gobierno porteño había retirado preventivamente 140 contenedores de basura para evitar que fueran incendiados, una medida que terminó siendo premonitoria ante la magnitud de los disturbios.

Un país en dos velocidades

El contraste es total. Mientras la senadora Patricia Bullrich defendía en el recinto la necesidad de “modernizar las leyes para generar empleo”, a pocos metros, el secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, advertía que los gobernadores que apoyen la ley estarían “firmando su sentencia de muerte” política.

La jornada no terminó. Con el paro de subtes programado para las 21:00 y un acto central de las centrales obreras que busca mantener la presión hasta la madrugada, el Gobierno se juega su pieza más ambiciosa.

El oficialismo cree tener los votos para la media sanción, pero el costo se mide hoy en heridos y en una ciudad sitiada. Es una carrera contra el reloj: la política busca cerrar un acuerdo de madrugada mientras la calle, exhausta y violenta, intenta forzar un último minuto de duda en los senadores que aún no definieron su voto en el particular.

La reforma laboral ya no es solo un proyecto de ley; es el epicentro de una batalla cultural y social que hoy ha dejado de ser retórica para volverse, lamentablemente, física.