Grammy 2026: estrellas y música que trasciende fronteras

En un escenario encendido por luces infinitas y alfombra roja de brillo imposible, la Crypto.com Arena de Los Ángeles fue, una vez más, el teatro donde se funde la gloria con la historia. Allí, bajo un cielo californiano que no dormía, se desplegó la 68ª edición de los Premios Grammy —la noche más esperada de la música global— como un tapiz de estilos, ritmos y emociones que cruzaron idiomas, generaciones y géneros.
por Redacción asistida por IA
Había una sensación de fábula desde el inicio, cuando los invitados desfilaron como personajes salidos de un libro de moda y arte: vestidos que parecían esculturas, trajes que eran poesía y miradas rebosantes de sueños por cumplirse. Pero, como en todo buen cuento, estos Grammy no fueron solo brillo: fueron encuentros de géneros, historias humanas y celebraciones profundas.
Trono urbano y corona global: Bad Bunny rompe esquemas
Desde el principio supimos que algo grande pasaba. Al compás de su música, el puertorriqueño Bad Bunny se adueñó de la noche con un triunfo que resuena más allá de discotecas y estadios: “Album del Año” fue para su obra DeBÍ TiRAR MáS FOToS, un proyecto en español que derribó barreras y volvió a poner la música urbana en el centro del universo musical.
Fue un momento que muchos contarán como símbolo de una nueva era: el género que nació en las calles y que hoy reina en las principales listas del mundo.
Entre clásicos y nuevos dioses: Gaga, Kendrick y Olivia Dean
Si de leyendas hablamos, Lady Gaga volvió a encender los reflectores. Su álbum Mayhem no solo la ubicó entre los nombres más celebrados de la noche, sino que también brilló en varias categorías, consolidándola como una de las artistas pop más complejas y originales de nuestro tiempo.
Del otro lado, el poeta moderno del rap Kendrick Lamar reafirmó su reinado con múltiples premios, entre ellos Mejor Álbum de Rap por GNX, un trabajo que —como sus versos— desborda crítica, ritmo y estructura poética.
Y como toda buena historia, hubo lugar para una nueva voz que conquista: Olivia Dean, la cantante británica, fue consagrada Mejor Artista Revelación, una distinción que la perfila como uno de los hitos emergentes de la escena global. Desde su estilo soul-pop hasta su discurso emotivo sobre identidad y raíces, Dean dejó su marca personal en la gala.
Ecos latinos y sorpresas de la noche
La presencia latina resonó con fuerza: además de Bad Bunny, artistas como Gloria Estefan, Ca7riel y Paco Amoroso se sumaron a la lista de ganadores que celebraron el poder de nuestras voces y ritmos en la música global.
Y como en todo relato con giros inesperados, este año los Grammy estrenaron categorías como Mejor Portada de Álbum, que coronó a Tyler, the Creator por Chromakopia, destacando la importancia del arte visual en la narrativa musical contemporánea
Grandes historias grabadas en la memoria
No todo fueron premios competitivos: hubo momentos de tributo y memoria. La Academia otorgó el Grammy de Logro de Vida a íconos como Cher, Chaka Khan, Whitney Houston y Fela Kuti, reconociendo trayectorias que enseñaron al mundo a escuchar con el corazón
Y en un cierre que parece escrito por el destino, el legendario director Steven Spielberg alcanzó el EGOT —el codiciado estatus que reúne Emmy, Grammy, Oscar y Tony— gracias a su trabajo en Music by John Williams, un documental que celebra la música como motor de nuestras historias compartidas.
Esta noche dorada no fue solo una entrega de premios: fue un coro de voces distintas, un mapa de caminos cruzados entre pop, urbano, rap, soul, rock y sonidos del mundo. Una historia que seguirá reverberando en los oídos y en los corazones de quienes creemos que la música es —y seguirá siendo— el lenguaje que mejor narra nuestra humanidad.