Grageas de locura al paso

Tengo hoy el síndrome de la hoja en blanco. Me invade la asfixia que agobia al escritor cuando le cuesta dar inicio a la escritura.
Y no es que carezca de temática sobre la cual escribir. Es que, por el contrario, sobra material sobre el cual sería posible incursionar.
La sumatoria de disparates y locura generalizada que el mundo se empeña en exhibir es tan amplia y dispar, que resulta abrumador generar el espacio racional para describirlo con sencillez.
Quizás por ello es que esta mañana me han conducido las musas a volcar en el papel una mescolanza extravagante de dislates que quiero poner descarnadamente al alcance del lector.
Como reza el título, se trata de exhibir en una góndola imaginaria, frascos repletos de grageas de locura al paso. Las grageas son esos confites pequeños con una cubierta dura de azúcar o chocolate que se usan para decorar los pasteles y se presentan con variados matices multicolores. La visión de esos frascos es placentera y llama de inmediato la atención del observador, atraído por el colorido y las formas en que el confite es presentado.
Nuestro mundo se asemeja hoy a una confitería que exhibe una variada gama de grageas azucaradas que esconden detrás de su fachada festiva el sabor amargo de la muerte, el horror, la locura….y, aún cuando resulte difícil admitirlo, nos deja un resabio en el paladar con gusto a un ridículo chabacano y obsceno.
Veamos algunas de las últimas noticias, las mostremos de manera desordenada, casi al azar y comprobemos que es difícil abstraerse de este panorama tan agudo de insensatez generalizada.
1. Trump y la guerra que ya había terminado
En medio de negociaciones de paz en curso, de manera unilateral, Donald Trump decide iniciar una guerra contra Irán, bombardea Teherán, y aniquila al líder político y religioso iraní. Lo hizo sin declaración de guerra avalada previamente por el Congreso de los Estados Unidos y sin consulta o comunicación a ningún organismo internacional. El pretexto era que había que neutralizar la posibilidad de que el régimen de los ayatolás alcance potencial bélico nuclear.
Nadie parece recordar que en Junio del 2025, durante la llamada Guerra de los Doce días, Trump anunció formalmente al mundo que había OBLITERADO toda posibilidad iraní de incrementar su potencial nuclear destruyendo todas las instalaciones donde podrían estar hipotéticamente enriqueciendo uranio con finalidades bélicas.
Sin inmutarse y con frialdad que impresiona, este sábado primero de marzo ordenó los ataques contra Irán, de nuevo con el pretexto de aniquilar una potencialidad supuesta iraní en materia nuclear, la misma que, según el propio Trump ya había sido obliterada.
Confieso que el verbo obliterar no es de mi uso frecuente, y hube de consultar su significado. Obliterar es “borrar, tachar, anular o eliminar algo por completo, sin dejar rastro”.
Si en Junio del 2025 la capacidad de desarrollo nuclear había sido “obliterada”, resulta difícil entender la necesidad de un nuevo ataque para arrasar lo que ya había sido destruido.
2. La verdad atrapada entre bandos
Por escribir cosas como la detallada en el párrafo precedente pueden existir aquellos que pretendan descalificar mis dichos imputándome algún tipo de parcialidad. Para que ello no acontezca, me veo en la necesidad de decir con mayúsculas y con todas las letras, que el régimen iraní me produce un instintivo y profundo rechazo.
Soy un partidario ferviente de la libertad de cultos, de la libertad de expresión y de los derechos de las mujeres a ser tratadas de manera justa e igualitaria en las sociedades, y, como tal, no puedo jamás sentirme a gusto ni convalidar un régimen teocrático, autoritario, antifeminista como el que impera en Irán. Y obviamente que no puedo, como argentino, soslayar la presunta participación, directa o indirecta de los iraníes o los grupos afines financiados por ellos, en los dos luctuosos atentados de la Embajada de Israel y el edificio de la AMIA.
Pero este rechazo total, incondicionado y contundente, no puede privarme de describir los hechos como son. Y el hecho totalmente comprobado es que los países que decidieron la agresión, en el medio de conversaciones de paz, fueron los Estados Unidos e Israel.
Está tan manoseada la verdad y tan groseramente vulnerada la razón argumental, que los hechos y los dichos de los protagonistas no se juzgan con ninguna objetividad, todo está teñido de una perspectiva identitaria que suprime de cuajo el pensamiento crítico y objetivo.
Si repudio y considero horrorosos los episodios del 7 de octubre del 2023, donde murieron 1219 personas y se secuestraron otras 251, mayoritariamente civiles, algún idiota puede tildarme de pro-sionista.
Si digo que me parece contrario al derecho internacional público que se ordenen bombardeos violando negociaciones en curso por la paz, y que considero un crimen de lesa humanidad bombardear una escuela y asesinar más de un centenar de niñas de entre cinco y doce años de edad, algún imbécil me tratará de pro-iraní.
Un desaliento me invade cuando tengo que explicar mil veces y de mil maneras diferentes que mi condena a todo lo que implique muerte, terror y devastación es completamente equidistante.
No sé cuanto durará este conflicto. El propio Trump se contradice una y otra vez. Habla de cuatro a cinco semanas, para casi de inmediato decir que ya está literalmente concluído, mientras el despliegue de tropas y los bombardeos recíprocos se mantienen incesantemente. Lo único que sé es que estoy viendo un obsceno despliegue de armamentos sofisticados, que se utilizan discrecionalmente de un lado y otro del mostrador, con el resultado indefectible de la muerte de inocentes.
Los señores de la guerra juegan a matar a distancia, como si de un videojuego se tratara, y la liviandad con que se habla de muertes, bombas y destrucción es espeluznante.
3. El caso Epstein: el subsuelo moral del poder
El caso Epstein sigue dando que hablar, a pesar de que la guerra, con su espantosa magnitud, lo desplaza de los grandes titulares. La historia es tan simple como perversa. Un magnate yanqui, con una formidable red de contactos internacionales monta una estructura de negocios de prostitución, pedofilia y sado-masoquismo, para tentar y atraer a su círculo directo a los personajes más poderosos del mundo, a los que les ofrece desarrollar sus instintos más vulgares y criminales, perversidad en estado puro.
Príncipes, magnates del mundo financiero, tecnócratas billonarios de la informática, políticos de todos los países del mundo, aparecen involucrados en una maraña de documentos que han debido ser expuestos dada la enorme presión social que el caso produjo en el mundo entero.
El asco que me produce toda la historia se multiplica cuando veo que personajes de conducta criminal despreciable manejan buena parte de los intereses y el poder en el mundo. Si el abuso de menores y la perversión sexual son sus parámetros habituales de conducta, ¿Qué tipo de límite ético esperamos que respeten a la hora de tomar sus decisiones de negocios o de manejo del poder público?
El Presidente Donald Trump es uno de los principales sospechosos de todo este turbio entramado.
Miren en manos de quien está el mundo. Sin palabras.
4. Milei y la sobreactuación geopolítica
El Presidente Javier Milei, agasajado por miembros importantes de la comunidad judía internacional, hizo una serie de declaraciones impactantes.
Se autoproclamó “el presidente más sionista del mundo” y se declaró “enemigo de Irán” y, con petulancia exagerada, anunció que “estamos ganando la guerra”.
Nunca he visto un lenguaje más imprudente e inapropiado en boca de un presidente de los argentinos.
Como si de un juego o un partido de fútbol se tratara, se declara partidario abierto de un bando en una guerra que no es propia y afirma estar ganando un conflicto en el que nuestro país no ha enviado ni una bomba ni un soldado.
¿Cuál es la gracia de estos dichos? ¿Eran necesarios? ¿No son acaso una burda sobreactuación para reafirmar la sumisión incondicional para con los dictados de las dos potencias internacionales a las que Milei ha decidido unilateralmente someterse?
Por supuesto que de inmediato los personeros comunicacionales del presidente salieron a intentar interpretar con suavidad sus afirmaciones. Hablaron del contexto en que fueron pronunciadas, y pusieron el grito en el cielo contra los que acusaron a Milei de ponernos en medio de una guerra ajena, aduciendo que estaban exagerando el alcance de sus palabras.
Sin entrar en discusiones estériles, pienso que todo el episodio es desafortunado, inoportuno e innecesario. Llevado por un innegable afán de protagonismo y el deseo de conquistar el aplauso fácil de su auditorio dijo zoncerías y asumió roles que no le correspondían. No es el comandante en jefe de una nación en guerra, al contrario, su deber básico como primer mandatario es mantener a los argentinos alejados de toda hipótesis de conflicto.
Me temo sin embargo que él piensa diferente. Se debe sentir un superhéroe de Marvel, y creerá que sus palabras intimidarán al régimen iraní (que por supuesto tiene peligros más serios de los que ocuparse de momento). Pensará tal vez que tanta obsecuencia redundará en un nuevo adelanto de dinero de parte del Tesoro americano, y quizás se auto percibirá como figura central del entramado geopolítico mundial.
Que no se entere de su ridícula insignificancia produce tristeza.
5. Viajes, privilegios y la nueva casta
Milei orbita por el mundo en el centésimo viaje al exterior financiado por ese Estado Nacional cuya extinción prometiera, pero al que, mientras tanto le exprime todo el jugo que puede con travesías costosas que pagamos entre todos. Aquella vieja estratagema de vituperar a la casta y denunciar el uso indebido de fondos públicos para financiar paseos de gruesas comitivas de funcionarios ha quedado en el olvido. Ha llegado el momento de usufructuar las mieles del poder hasta embriagarse por completo.
Los episodios grotescos se suceden casi sin solución de continuidad. Manuel Adorni, otrora flamígero denunciante del aprovechamiento de privilegios inusuales por parte de la abominable casta, hoy la personifica con agrado y sin elegancia. Con candor infantil pasea a su mujer en el avión presidencial y se excusa diciendo que él se desloma trabajando y que merece que su mujer le acompañe.
De nuevo sin palabras.
6. El nuevo enemigo: la industria nacional
Milei ha encontrado un nuevo enemigo público número uno: la Industria Nacional.
No se conforma ya con instaurar un modelo económico que la condena a una cruel agonía y próxima extinción. Ha decidido además defenestrarla, adjetivarla de manera soez y generalizar los epítetos desdorosos de manera genérica en contra de todos los industriales, deteniéndose de a ratos en personalizar algunos en particular para satisfacer su aparentemente insaciable deseo de insultar.
El empresariado siempre ha sido y es, un segmento muy proclive a abrazar ideas afines con las libertades económicas. Por ende vieron con simpatía y apoyaron muchos de manera decidida el ascenso de Mieli al poder. No entienden por eso lo que está pasando.
¿Cómo es posible que ese libertario pro-empresa privada se jacte de aniquilarla? ¿Es razonable poner a toda la industria en una misma bolsa y catalogar a los industriales de prebendarios, delincuentes, aprovechadores e ineficientes? ¿Acaso el cierre de una fábrica no se merece más que un comentario desagradable por parte del Presidente, o una simple mueca de desdén indiferente por la suerte de trabajadores y empresarios?
Lo que pasa es que dicen los futboleros que la mejor defensa es un buen ataque. Milei se ha percatado que su política económica esta destruyendo literalmente todo el tejido industrial argentino, y ha elegido atacar, para no tener que explicar las razones de su fracaso. Con habilidad hace responsables a los industriales de su infortunio. Les acusa de haberse aprovechado de los consumidores y del estado, mientras les condena a la desaparición sin tenerles un mínimo de consideración.
Muy por el contrario, a mí los industriales argentinos me merecen mucho respeto. Más allá de la mayor o menor virtuosidad de sus negocios, es indudable que su ingenio, su esfuerzo y sus inversiones apalancaron siempre los procesos económicos de nuestro país. Si aprovecharon en más o en menos los beneficios de determinada política económica es tema profundo, materia de discusiones más sesudas. Lo que nadie puede es creer, en su sano juicio, que un país como Argentina puede desarrollarse en plenitud aniquilando su industria y descalificando todo lo que esta implica.
Pero, para mi gran sorpresa, habrá que acostumbrarnos a las diatribas furibundas del presidente argentino, empeñado en destrozar la actividad industrial de origen nacional privilegiando lo extranjero, y acusando ineficiencia sin parar ni un segundo a la evaluación de las asimetrías que impiden la formulación de una competitividad local más exitosa.
Un presidente que odia e insulta a los industriales de su país…“Cosas veredes, amigo Sancho…”, decía Cervantes.
7. Los dólares del colchón
Caputo, nuestro Ministro de Economía, ha salido de gira por las provincias y se dedica a dar discursos, haciendo uso y abuso de su tono canchero y un tanto pintorescamente porteño.
Con voz monocorde, acusa recibo indirectamente de las consecuencias de su plan económico, y, sin decirlo en alta voz, reconoce implícitamente que la economía argentina está estancada, agobiada por una recesión imposible de ocultar.
Con desparpajo nos reclama entonces que saquemos nuestros dólares del colchón, que los retiremos de las cajas de seguridad y los coloquemos en el circuito financiero. De esta manera lograríamos inyectar dinero fresco a nuestra alicaída economía, propiciando el crédito, requisito previo para el fomento de una inversión imprescindible para impedir el colapso.
Con tono plañidero nos suplica que entendamos que estamos perdiendo plata guardando los dólares en nuestras casas, pero nos explica además que estamos haciendo un enorme daño al país, nos exige “responsabilidad social”, ya que, si no sacamos nuestros ahorros no hay crédito, y si no hay crédito no hay recuperación económica posible.
Lo que olvida el Ministro es responder a una pregunta básica: ¿Si existe esa responsabilidad social que reclama al resto de los argentinos, por qué él mismo, Luis Caputo, o su compañero de gabinete Sturzenegger, no traen sus ahorros en dólares que tienen depositados en el extranjero y lo colocan en el circuito nacional? ¿Acaso no confían ciegamente en el plan económico que pusieron en marcha? ¿Por qué prefieren contribuir con sus ahorros al desarrollo de economías extranjeras y no ayudan a reconstituir el crédito en Argentina? ¿Porqué no predican con el ejemplo?
Otra gragea de insensatez que me deja sin comentarios.
Cuando repaso estas líneas entiendo el porqué escondido de mis pocas ganas de escribir. La verificación continua de un escenario plagado de incoherencias desalienta un poco el ánimo. Más aún si tenemos en cuenta que esa incoherencia que parecen mostrar los acontecimientos se parece demasiado a una estrategia de distracción.
Se habla de algo para que dejemos de hablar de otra cosa. Se predica virtudes de las que se carece. Se exige una adhesión identitaria en términos absolutos sin admitir la menor fisura o disenso.
El arte de matar se disfraza de ropajes virtuosos y el horror es la consecuencia indeseable de objetivos respetables. Se acepta el ridículo como parte integrante de una personalidad que no debe cuestionarse. Lo disruptivo ha pasado a adquirir ribetes ordinarios y la mesura es un espacio incómodo que todos nos empujan a abandonar.
Demasiadas grageas de locura al paso de un camino trillado de peligrosa e inquietante mediocridad.
Buenos Aires, Marzo 12 del 2026
Sisto Terán Nougués