Es la plaga de los tiempos: Cuando los locos conducen a los ciegos

sistoteran

Un rosario de preguntas incómodas

Se atribuye a William Shakespeare la frase que titula este artículo. Inspirada probablemente en el antecedente bíblico de la parábola transcripta en el Evangelio de Mateo 15:14 cuando Jesús dice “si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo”.

La advertencia que el evangelista pone en boca de Jesucristo es muy clara y nos indica el peligro implícito que tenemos al seguir ciegamente los dictados de líderes ignorantes.

Shakespeare refina la idea haciéndola aún más transparente. “Es la plaga de los tiempos: Cuando los locos conducen a los ciegos”.

La idea expresada en el Evangelio y actualizada allá por el año 1605 por el inmortal dramaturgo inglés, cobra por estos días una inusitada fuerza y resulta de aplicación obligada para analizar la conducta del mundo y sus líderes en este primer cuarto del siglo XXI.

La locura ha pasado ha ser el denominador común de muchos poderosos del mundo y una sumisa ceguera ha fulminado el discernimiento de las masas que se encolumnan con mansedumbre detrás de las consignas más disparatadas.

No sería esto más que una simple anécdota trivial en el marco de la extensa historia de la humanidad, de no mediar el hecho indubitable de que la tecnología confiere a los locos un poder de destrucción recíproca como nunca antes existieron.

No se trata entonces de una alienación inofensiva, es una demencia peligrosa que ha puesto en jaque el concepto de paz mundial.

Se trata de un pensamiento subjetivo que tiene un correlato concreto y objetivo que asusta. Solo el fanatismo y la ceguera colectiva pueden impedir que alguien ignore lo que está sucediendo.

El hecho que denuncio es tan evidente que no requiere ampliaciones ni probanzas ulteriores. Debería aquí concluir el texto, pero pasan cosas. Y estas cosas deben ser comentadas, porque no pueden ser dejadas pasar por alto, para no incurrir en el pecado de consentimiento por omisión. Y son sucesos que me permito la libertad de transformar en incómodas preguntas, cuya respuesta convalida fácticamente la premisa de que estamos siendo víctimas de esa plaga de los tiempos a la que se refería Shakespeare. Los locos conduciendo a los ciegos.

Veamos las preguntas.

1.- ¿Estamos en guerra?

Una pregunta tan simple debería tener una respuesta fácil. Israelíes, estadounidenses e iraníes saben perfectamente que están en medio de un espantoso conflicto bélico. Sus soldados van a matar y morir por razones decididas por sus líderes, y las bombas y misiles surcan embravecidos sus espacios aéreos.

Pero, ¿Y nosotros? ¿Nuestro querido país, Argentina, está en guerra?

La respuesta lógica sería que no, para nada. Estamos a miles de kilómetros de la zona de combate, no pretendemos apropiarnos de ningún territorio, ni imponer por la fuerza nada a nadie. Nuestras tropas están absolutamente desmovilizadas y la tradición histórica argentina en materia de conflictos internacionales se caracteriza por una recurrente y sostenida neutralidad.

Sin embargo nuestro presidente Javier Milei, con su increíble inimputabilidad irresponsable, hace unos días, en una charla que dió en Manhattan, en un auditorio de la Universidad Yeshiva, se despachó con un discurso disparatado y peligroso.

Soy el presidente más sionista del mundo”,“Irán es nuestro enemigo”,“Estoy alineado con Estados Unidos e Israel”,“Estamos ganando la guerra”, dijo, entre otras cosas.

Semejante sarta de disparates toma una peligrosidad inquietante cuando el que las pronuncia es el Presidente de todos los argentinos. Sus dichos, los queramos o no admitir, nos meten de lleno, como parte interesada y activa, de una guerra decidida por otros y que no es nuestra.

Más allá de lo feo que nos parece que un presidente de un país soberano exprese en alta voz su sumisión y encolumnamiento incondicional para con los dictados de potencias extranjeras, no se alcanza a entender con qué derecho nos involucra en una guerra. ¡Es insoportablemente insano!

Estamos en guerra y hemos declarado enemigo a un país extranjero, mientras anunciamos gozosamente, como si de un juego se tratara, que estamos ganando una batalla en la que no disparamos ni una bala de fogueo.

Es sin dudas la declaración de guerra más insensata y estúpida que he visto en mi vida. Nadie se la pidió. Milei solito, poseído por una megalomanía portentosa que le hace sentirse miembro de la élite del poder mundial (cuando es apenas una marioneta grotesca de los poderosos), es quien se considera guerrero y se envalentona con declaraciones absurdas que nos comprometen innecesariamente como país.

La respuesta iraní no se hizo esperar. Una publicación en el diario Teherán Times, órgano oficial del régimen de los ayatolas acusa a Milei, y por ende a la Argentina, de “haber cruzado la línea roja”, de ser parte activa de una campaña anti-iraní, para terminar amenazando: “En el momento adecuado haremos que se arrepienta de su enemistad”.

Ante tamaña locura desatada por un personaje ridículo y desquiciado y contestada por un régimen que ha hecho del ejercicio de la violencia y el terror una práctica habitual, no nos queda menos que asustarnos por las consecuencias de tanta imbecilidad gratuita.

En contraposición con esta actitud irresponsable, la Unión Europea se ha expedido diciendo “que esta no es nuestra guerra”, siendo los alemanes los más firmes en sostener una posición que los aleje del conflicto. Es que nadie quiere ser parte de un juego de muerte y poder en el que Trump nos quiere meter a la fuerza, y donde la economía mundial y el sistema energético internacional se están viendo comprometidos. Andrés Repeto, un corresponsal de noticias internacionales dá cuenta de esta posición europea.

La mente febril de Javier Milei, quien parece creerse protagonista de un “reality show”, le impide ver la gravedad de sus actos. Una guerra es siempre un crimen. La muerte es una desgracia derivada del conflicto. Meternos, aunque sea dialécticamente, en una guerra, es una tontería superlativa.

Pero el loco eligió el camino de la locura, y los ciegos, en silencio, convalidan el horizonte al que su conductor los conduce.

2.- ¿Volvió la casta?

Milei construyó un relato de campaña, que resultó ser el trampolín de su triunfo electoral. Se comprometió a aniquilar la “casta”.

La casta era un enemigo informe, compuesto por todos aquellos que gozaron o gozan de privilegios, cuyo costo recaía sobre las espaldas del pueblo agobiado.

Hermosa consigna, ya desde el inicio del mandato se vio cuestionada por la integración del gabinete mileísta. Personajes de siempre tomaron por asalto las oficinas y los cargos públicos, hablando negativamente de la casta, como un recurso hipócrita para esconder su pertenencia indiscutible al grupo denostado.

Bullrich, Scioli, Francos, Caputo, los Menem, Sebastián Pareja, Luis Juez, y siguen los etcétera, son muchos de los que, teniendo un abono perpetuo a los espacios de poder, que intercambian a lo largo de las décadas sin que los cambios de gobierno los afecten en su aferrarse a la teta estatal, representan un claro ejemplo de la supervivencia de la casta y su florecer expansivo en tiempos libertarios.

Pero, concedámosle el beneficio de la duda. Seamos buenos y les asignemos a estos personajes una decidida vocación por corregirse, por despojarse de esos privilegios que con hipocresía denuncian al mismo tiempo que disfrutan de sus mieles.

Podríamos entonces afirmar que estamos en presencia de un residual de casta en vías de corrección. Pero no, los hechos nos demuestran que la casta está viva, que se mueve con comodidad en el seno mismo del mileísmo y que se abalanzan desaforados para participar del botín de privilegios que les implica el manejo del estado.

Los más viejos suelen ser más pudorosos y escondedores de sus ventajas. Los más nuevos, con la compulsión de los conversos, son los más inimputables.

Javier Milei y Manuel Adorni son el claro ejemplo de esa nueva casta, que ya no tiene rubor en exhibirse en el despliegue de su obscenidad.

Milei ha decidido hacer uso y abuso de su poder presidencial para gastar los recursos públicos con fines auto promocionales. Vive viajando, a todas partes, y por las razones más extravagantes. Solicita premios y aplausos de compromiso, que son financiados directa e indirectamente por las arcas estatales. Sus viajes son infinitos, los destinos extraños, los costos siderales. Se traslada con pompa y fasto lujurioso, con comitivas numerosas cuya finalidad de compañía es por lo menos de carácter dudoso, asemejándose muchas veces a una parodia de excursiones estudiantiles, con desbordes incluidos. Hoteles de cinco estrellas, comidas fastuosas, han pasado a ser el entorno habitual del otrora panelista disruptivo y de su hermana, que lo acompaña a sol y sombra disfrutando de periplos turísticos muy singulares.

Manuel Adorni no quiere ser menos. El Jefe de Gabinete, hombre en apariencia de vida modesta hasta su acceso a la función pública, ha sido pescado in fraganti, aprovechando al Estado para sacarle el jugo en provecho propio y de su cónyuge. Con un desparpajo inusitado quiere explicar lo inexplicable e intenta justificar el viaje de su mujer acompañando la comitiva presidencial y usufructuando habitaciones que algunos periodistas valúan en torno a los U$S 3.000 dólares diarios. Sus balbuceos no convencen ni siquiera a los periodistas más allegados.

Para colmo aparecen los videos de otro extraño viaje en jet privado a Punta del Este con toda su familia, y el amigo que los acompaña, con ingenuidad ridícula, declara en los medios de comunicación que fué Adorni quien pagó el vuelo, “con plata del Estado”.

Es la punta del iceberg ¡Más casta que nunca! Los libertarios repudian el Estado, salvo cuando lo usan para su beneficio personal.

¿Locura o ceguera? Las dos cosas. Se hacen los locos para desviar la atención y se aprovechan de los ciegos, esos que no quieren ver, para llevarse todo lo que pueden, con impunidad total.

3.- ¿2,9%….? ¡Las pelotas!

Una persona salía de una carnicería y le escuché decir: “¿2,9%? ¡Las pelotas!”.

El énfasis que puso me causó gracia y apunté mentalmente su contenido para desarrollarlo brevemente en esta nota.

Este gobierno nos ha conducido a un esquema implacable de ajuste tras ajuste, castigando con crueldad sectores marginales y desprotegidos de nuestra sociedad, paralizando el accionar estatal, y descuidando al extremo la inversión pública. Todo este esfuerzo que recae sobre las espaldas del grueso de una población cada vez más endeudada y angustiada, tenía un objetivo claro.

Sufrimos mucho, pero lo hacemos para combatir el flagelo de la inflación.

Íbamos a hacer un sacrificio temporal. Se hablaba primero de seis meses, luego doce y finalmente dieciocho. Llevamos 27 meses de gobierno de Milei, y la luz no aparece al final del túnel.

Al contrario, llevamos ya más de nueve meses de crecimiento sostenido del índice inflacionario en la Argentina, acompañado además por una fortísima caída de la actividad económica que implica por otra parte una natural disminución de los ingresos del Estado, lo que a su vez aleja las posibilidades de equilibrio fiscal y obliga a nuevos ajustes.

Círculo vicioso por donde se mire.

El anónimo y quejoso ciudadano que salía enfadado de la carnicería expresó con sus formas contundentes, un sentir generalizado: el índice de inflación no refleja en absoluto el daño que percibo en mi bolsillo al momento de pagar las cuentas.

Durante los años en que eran oposición, quienes hoy nos gobiernan denunciaban con fiereza la adulteración de los índices, su manipulación por parte del equipo de Guillermo Moreno y le acusaban de instaurar mecanismos reprobables para disfrazar el verdadero impacto inflacionario. Tenían razón.

Hoy actúan ellos exactamente de la misma manera. Decidieron arbitrariamente no poner en funcionamiento el sistema de actualización que el propio gobierno había propuesto para sincerar los índices. Dieron marcha atrás, y, sin ponerse colorados, decidieron mentirnos descaradamente.

Si se hubieran aplicado mecanismos correctos de medición, el índice del mes de febrero hubiera superado cómodamente el 3% mensual, una inflación inconcebible en un marco de recesión y ajuste, y una demostración certera de que el programa económico no solo está haciendo colapsar la economía real, sino que ese colapso inducido y el ancla cambiaria no están tampoco consiguiendo frenar la espiral inflacionaria.

Lo que le sucede al señor de la anécdota es que le ha caído fuertemente su “ingreso disponible”, que es la plata que puede gastar después de pagar sus costos fijos. Y esa caída es varias veces superior al 2,9%. Por eso el exabrupto.

Al desglosar el índice, lo que vemos es que el incremento en el rubro Vivienda, Agua, Luz, Gas y Combustibles, fue del 6,8%, mientras que en Alimentos y Bebidas no alcohólicas llegó al 3,3%, mismo número que registra el rubro Bienes y Servicios Varios.

O sea que nuestros costos fijos han aumentado mucho más que el 2,9% y es por eso muy razonable el fastidio del señor de la carnicería.

Pero los locos que nos gobiernan son locos, pero no tontos. Saben perfectamente que los ciegos que conducen necesitan ser continuamente engañados para poder llevarlos en mansa manada al precipicio. Y por eso con naturalidad nos piden nuevos sacrificios, que ellos no hacen. Solicitan nuevas restricciones mientras ellos incrementan sus patrimonios.

Los ciegos, mientras tanto continúan deambulando a tientas, inconscientes de su destino.

4.- ¿Qué sucedió con el caso $Libra?

Hace ya más de una año que escribí un artículo en el que expuse mis conclusiones sobre el tema $Libra.

Es una estafa monumental, por un monto de casi trescientos millones de dólares, consumada gracias a la participación activa e imprescindible de Javier Milei, quien actuó con plena conciencia de lo que hacía, puesto que había hecho ya una maniobra similar con anterioridad, y con la complicidad de sus ex empleadores y socios.

Lapidario, terminante, inapelable. No hay más vueltas que darle al asunto.

La grosera maniobra delictiva se trató de tapar, primero mediante reportajes amañados como el que se hizo en el despacho presidencial con el periodista Viale, y bajo la batuta y edición de Santiago Caputo, lo que quedó burdamente puesto al descubierto. Luego se iniciaron una sarta de explicaciones que nada explicaban, y que solo lograban comprometer aún más al presidente en la comisión del delito.

Más tarde se logró distraer la opinión pública con otros temas, algunos vinculados a otros escandalosos casos de corrupción de este gobierno como la denominada causa Andis, con los sobornos cuya presunta destinataria era Karina Milei, y una compra de medicamentos con sobreprecios y la participación activa de empresarios del sector farmacéutico, mientras se condenaba a la pérdida de prestaciones sanitarias a los discapacitados.

Las contiendas electorales, el caso Espert y las conexiones de altos exponentes del gobierno y sus candidatos con sectores notablemente vinculados al narcotráfico, y muchas otras noticias fueron desplazando del centro de la atención mediática y pública el caso $Libra.

El hecho de que no se hable de un tema, no significa que el tema no exista.

$Libra fue una estafa. Una estafa es un delito. Partícipe esencial en la comisión de ese delito fue Javier Milei. Quien delinque es delincuente. Ergo, Milei, siempre propenso a adjetivar a terceros impiadosamente, puede ser descripto como un delincuente.

Este implacable silogismo ya tenía razonabilidad lógica respaldada por los hechos en el inicio mismo de la época en que fueron descubiertos. Hoy hechos nuevos ratifican las conclusión de que Milei es protagonista esencial de la estafa.

Se dieron comienzo a las siempre lentas y tortuosas investigaciones judiciales, algunas de las cuales recayeron en el fiscal Taiano. Tenía este la obligación inherente a su cargo de impulsar las actuaciones. Sospechosamente, y en contraposición a la celeridad de la Comisión Legislativa que investigara el caso por cuerda separada, la Justicia y el fiscal “pisaron” el expediente.

La actitud cómplice del poder judicial, empeñado en mantener bajo siete llaves toda la investigación y adormecerla hasta sumirla en el olvido, fracasó rotundamente por la filtración del contenido de las pericias al celular de Mauricio Novelli, ex empleador de Javier Milei antes de su ascenso a la presidencia, y asiduo concurrente a la Casa Rosada.

El intercambio de llamadas entre Novelli y Javier y Karina Milei en la jornada del 14 de febrero del 2025 cuando se consumó la megamillonaria estafa es absolutamente condenatorio.

No solo Novelli llamó a Milei, Karinay, más tarde, a Santiago Caputo y Damián Reidel ese fatídico día, sino que los registros dan cuenta de que el presidente Milei, además de atender, LLAMÓ ÉL MISMO A NOVELLI apenas minutos antes de emitir el tuit que pondría en marcha la estafa.

Cabe destacar que el tuit que Milei posteó recomendando invertir en $Libra y suministrando el código de acceso de 44 números para que los incautos cayeran en la estafa, se emitió a las 19 horas de ese día 14 de febrero del 2025.

La Justicia tiene retenidos los informes periciales. ¿Por qué? ¿Qué razones hay para “cajonear” una causa tan delicada que involucra directamente en una estafa al presidente de la Nación?

Como no hay respuestas lógicas, los locos denuncian conspiración y golpismo. Se indignan ante la filtración y reclaman investigar penalmente a quienes la hayan podido ocasionar, lo que es una forma curiosa de desviarnos de la búsqueda de la verdad. Los ciegos bobos, mientras tanto, son incapaces de ver. Su ceguera imposibilita la comprensión de la gravedad que implica que Javier Milei sea un estafador.

Una cosa es que no quieran ver, otra es que los delitos no existan. Son evidentes y se llevaron a cabo con una torpeza vulgar, dejando huellas por todas partes.

Locos, sí, pero con severas apetencias dinerarias non sanctas, también.

4.- ¿Las catástrofes naturales no son de incumbencia del Presidente de la Nación?

En la Argentina pre-Milei, las catástrofes naturales movilizaban. Cuando una acontecía, al unísono, todos los resortes del estado, de todas las jurisdicciones, nacional, provincial, municipal y comunal, se movían apresuradamente para hacer frente a la contingencia.

Un presidente de la Nación no se podía hacer el desentendido y debía poner la cara fuere cual fuere el motivo de la catástrofe. No había excepciones. Todo gobernante sentía la obligación moral de estar presente y prometer su auxilio desde la esfera de poder que detentara.

Recuerdo incluso en el año 2017 cuando Mauricio Macri concurrió a Tucumán, a raíz de unas graves inundaciones que afectaron principalmente a la ciudad de La Madrid, al sudeste de la provincia. Guste o no, califiquemos como tengamos ganas la real voluntad o no de ayudar, lo cierto es que Macri dió la cara y se expuso hasta a el insulto de los damnificados cuando visitó el lugar.

Era lo que correspondía, lo políticamente correcto e inevitable. Así funcionaban los gobiernos y así se entendían las obligaciones de los presidentes.

Milei ha inaugurado un modelo diferente, el de la desaprensión absoluta y el desinterés personal por todo acontecimiento de catástrofes naturales que padezca cualquier punto del territorio nacional.

Ha resuelto no dar la cara. No habla del tema. La gente que sufre las consecuencias no merece su empatía, ni su solidaridad. El periodismo no reclama la presencia de las autoridades en los lugares afectados. No importa que se trate de anegamientos en Bahía Blanca, incendios forestales de magnitud en el sur, inundaciones en Tucumán, Santiago o Catamarca, Milei brillará por su ausencia y nadie le reclamará nada por su actitud.

Hoy mismo, en Tucumán, las lluvias están ocasionando dramáticas consecuencias dañosas para las personas y sus bienes. Es una sociedad atravesada por el dolor, y el Presidente ocupa su agenda en costosos viajes para promocionar su propia figura e insultar en su propio territorio a presidentes de países extranjeros.

Pero el loco insiste en hacerse el tonto. Elige no mirar. Decide no hablar de los temas que le molestan. Se considera un personaje mesiánico, y entiende que es muy lógico para él hablar de guerras y petróleo y dejar de lado el sufrimiento de sus connacionales. Una tipificación extraña de una locura exagerada adrede para no hacerse cargo de lo que es su responsabilidad fundamental.

¿Y los ciegos? Pues bien gracias, esforzándose al máximo por no cuestionar, por no reclamar nada, al fin y al cabo su única pretensión es sentirse conducidos sin importar por quien ni hacia dónde.

Un rosario de preguntas molestas con respuestas lapidarias. La plaga de los tiempos está en su apogeo. Los locos conducen a los ciegos a las cercanías del precipicio. Abramos los ojos, antes de que sea demasiado tarde.

Buenos Aires, Marzo 19 del 2026

Sisto Terán Nougués