Epstein como síntoma del poder sin límites

Una lectura de Eric Calcagno en Revista Zoom que vincula el caso del financista con la banalización del mal en las élites globales.
En un extenso ensayo publicado en Revista Zoom, el analista Eric Calcagno propone una interpretación del caso Jeffrey Epstein que excede el expediente judicial y se adentra en la dimensión simbólica del poder contemporáneo. Bajo el título “Epstein, el muerto que habla”, el autor articula referencias culturales —de la smorfia napolitana a la literatura clásica— para sostener que el escándalo no es la desviación de un individuo sino la expresión de una lógica estructural.
La nota desplaza el foco del morbo hacia la pregunta por la impunidad. Calcagno no se detiene en la crónica policial sino en la red de vínculos que rodeó al financista: empresarios tecnológicos, dirigentes políticos, monarquías y figuras del establishment occidental. En esa constelación menciona nombres como Elon Musk, Bill Gates, Donald Trump, Bill Clinton y Benjamin Netanyahu, entre otros, para subrayar la transversalidad del poder involucrado. La hipótesis es contundente: el caso revela un comportamiento de clase, no una anomalía individual.
El texto dialoga con la noción de “banalidad del mal” formulada por Hannah Arendt a propósito del juicio a Adolf Eichmann. Pero aquí la banalidad no surge de burócratas grises, sino de figuras exitosas y admiradas. La pregunta que sobrevuela es si la impunidad extrema —la capacidad de violar normas sin consecuencias— constituye hoy la forma más cruda de ejercicio del poder.
Para Quorum, el valor de esta pieza reside en su lectura política del fenómeno. No se trata de confirmar o descartar cada acusación puntual, sino de interrogar el ecosistema que las hizo posibles: financiamiento opaco, circulación de influencias, captura institucional y una cultura de privilegio que naturaliza la asimetría. En ese marco, Epstein aparece como bisagra entre dinero, política y deseo de dominio.