La industria del deporte juega en la economía global

No es solo espectáculo ni pasión popular: el deporte se encamina a convertirse en una de las industrias más poderosas del planeta.
por Redacción asistida por IA
La industria del deporte dejó hace rato de ser un fenómeno cultural para convertirse en un actor económico de peso global. Según proyecciones del Foro Económico Mundial (World Economic Forum) y la consultora estratégica Oliver Wyman, el ecosistema deportivo podría alcanzar ingresos anuales por 8,8 billones de dólares en 2050, casi cuatro veces más que su volumen actual. Si el deporte fuera un país, estaría camino a ubicarse entre las mayores economías del mundo.
Hoy, la economía del deporte mueve alrededor de 2,3 billones de dólares por año. En menos de una década, hacia 2030, se espera que esa cifra llegue a 3,7 billones, impulsada por una combinación de consumo masivo, innovación tecnológica y expansión global. No es una proyección liviana: el informe se apoya en más de 130 fuentes internacionales y consultas a 125 organizaciones del sector, desde ligas y marcas hasta gobiernos y organismos multilaterales.
El dato clave es que el crecimiento no proviene solo del deporte profesional, el rostro más visible del negocio. De hecho, las grandes ligas y competiciones explican apenas el 7% de los ingresos globales, unos 140.000 millones de dólares. El verdadero motor está en lo que rodea al deporte: el turismo deportivo, la tecnología, los medios, el gaming, las apuestas, la indumentaria y la economía del bienestar.
El turismo vinculado al deporte —viajes para ver partidos, participar en maratones, practicar deportes de aventura o asistir a grandes eventos— ya representa más de un tercio del negocio global, con ingresos superiores a los 670.000 millones de dólares. Es decir: el movimiento económico generado por ir a ver, hacer o vivir deporte supera largamente al que generan las estrellas dentro de la cancha.
En la última década, el cambio fue estructural. Sectores que hace diez años eran marginales hoy son centrales: los eSports, las plataformas de streaming deportivo, los dispositivos inteligentes para entrenamiento, las aplicaciones de fitness y la industria del gaming vinculada al deporte crecieron a ritmos de dos y hasta tres dígitos. El deporte pasó a ser parte del consumo cotidiano, incluso fuera del horario de competencia.
Detrás de esta expansión hay actores muy concretos que concentran poder económico. En el plano de las competiciones, ligas como la NFL y la NBA lideran el ranking global de ingresos, con facturaciones anuales que superan los 20.000 y 13.000 millones de dólares, respectivamente. Les siguen la MLB, la Premier League inglesa y la Indian Premier League de cricket, un fenómeno que explica buena parte del crecimiento del deporte en Asia.
En el mundo de los clubes y franquicias, las valuaciones alcanzaron cifras récord. Equipos como los Dallas Cowboys, el Real Madrid o el Manchester City superan holgadamente los 10.000 millones de dólares en valor de mercado, combinando derechos de transmisión, patrocinios, merchandising y expansión internacional. A su alrededor orbitan gigantes empresariales como Nike, Adidas y Puma, que no solo venden indumentaria, sino que moldean tendencias culturales y flujos de consumo a escala global.
Pero el crecimiento no está garantizado. El propio Foro Económico Mundial advierte que dos factores podrían recortar hasta 1,6 billones de dólares del potencial proyectado para 2050: la inactividad física, cada vez más extendida en amplios sectores de la población, y el impacto del cambio climático, que amenaza eventos, calendarios e infraestructuras deportivas en todo el mundo.
Esa advertencia coloca al deporte en el centro de una discusión más amplia. Ya no se trata solo de negocios o entretenimiento, sino de salud pública, sostenibilidad y modelo de desarrollo. El deporte aparece, al mismo tiempo, como parte del problema y como una de las posibles soluciones.
Lo que está claro es que el deporte ya no juega en una liga menor. Es una industria estratégica, un motor de empleo, consumo e innovación que empieza a disputar poder real dentro de la economía global. Y, como toda gran industria, también empieza a marcar agenda.