EDET: recauda como Rentas y cobra con poder de policía

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En Tucumán hay una empresa que factura como si fuera el Estado, cobra como si fuera un juez y ejecuta como si tuviera poder de policía. No es la Dirección General de Rentas. No es ARCA. Es EDET.

Ante la ausencia de balances públicos y cifras oficiales auditadas, el análisis solo puede construirse desde estimaciones razonables. Y aun en ese terreno, los números son contundentes.

La factura promedio de EDET hoy oscila entre 70 y 100 mil pesos bimestrales. Traducido al año, cada usuario paga entre 420 mil y 600 mil pesos. Con una base aproximada de 500 mil usuarios en toda la provincia, la facturación anual estimada de la distribuidora eléctrica se ubica entre 210 mil y 300 mil millones de pesos.

El dato adquiere otra dimensión cuando se lo compara con la recaudación tributaria provincial, que ronda los 600 a 700 mil millones de pesos anuales.

Dicho sin rodeos:

EDET factura entre el 30% y el 50% de todo lo que recauda Tucumán por impuestos.

No se trata, entonces, de una empresa de servicios más. Se trata de un recaudador paralelo, privatizado, sin control democrático y con una ventaja que Rentas jamás tendrá: el cobro compulsivo perfecto.

La Dirección General de Rentas recauda en un contexto hostil: evasión estructural, morosidad crónica, litigios, planes de pago, condonaciones y límites legales. Cobra lo que puede, cuando puede.

EDET no discute.

No negocia.

No espera.

No pagás, te cortan.

Y en muchos casos, cuando el operario —empleado de una empresa tercerizada— va a ejecutar el corte, lo acompaña un policía. Un servidor público garantizando, con su presencia, la coerción de una empresa privada. El Estado no regula: custodia.

La asimetría es evidente. Mientras la Provincia pelea por recaudar, EDET opera en un mercado cautivo, sin evasión posible, sin competencia y sin riesgo empresario real.

A eso se suma una estructura de costos diseñada para maximizar renta:

– Plantel propio reducido al mínimo mediante tercerización sistemática.

– Bajadas domiciliarias, pilares, adecuaciones y extensiones: las paga el usuario.

– La generación energética es estratégica, histórica y mayormente sostenida por inversión pública.

– La inversión en calidad del servicio es, desde hace años, objeto de reclamos recurrentes.

Alta facturación.

Bajo costo laboral.

Riesgo empresario cercano a cero.

La ecuación cierra sola.

En el último tiempo, además, EDET dejó de imprimir y distribuir boletas. Abarató costos de impresión y correo y trasladó la carga al usuario. Cada cliente debe enterarse por sus propios medios cuánto debe, cuándo vence y cómo pagar.

El sistema es quirúrgico:

El usuario es cliente cautivo, recaudador de sí mismo y rehén del corte.

No recibe la boleta, pero la deuda corre.

No la ve, pero la paga.

No discute, porque el interruptor manda.

El círculo se completa con el ERSEPT, el ente regulador. Un organismo que debería defender al usuario, pero que se financia con un porcentaje de la facturación del servicio que regula.

El regulador depende económicamente del regulado.

El control se paga con la caja del controlado.

No es una anomalía legal.

Es un oxímoron institucional.

En Tucumán, el modelo es claro: lo que da renta se privatiza; lo que da costos se estatiza; lo que falla, lo paga el usuario.

Después se pontifica de eficiencia privada, de Estado ineficiente y de mercado salvador. Pero los números muestran otra cosa: no hay eficiencia, hay concesión blindada. No hay riesgo, hay garantía estatal. No hay competencia, hay monopolio.

Y cuando una empresa privada factura como Rentas, cobra como un juez y corta con respaldo policial, la discusión deja de ser técnica. Pasa a ser política.