Donald Trump lanza su Junta de Paz desde Davos

En el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lanzó oficialmente la “Junta de Paz” (Board of Peace), una estructura internacional con pretensiones de nuevo centro de poder diplomático que superpone –y en los hechos desafía– el papel de las Naciones Unidas en la gestión de conflictos globales.
por Redacción asistida por IA
La Argentina de Javier Milei fue uno de los pocos gobiernos latinoamericanos presentes en la firma de constitución de esta entidad, lo que confirma un alineamiento explícito con la estrategia geopolítica trumpista y la subordinación de la política exterior argentina a los intereses del eje Washington–Davos.
¿Qué es la Junta de Paz?
Lo que Trump vendió como un organismo para supervisar el alto el fuego y la reconstrucción en Gaza se ha convertido, en palabras de críticos y diplomáticos, en algo muy distinto:
Un organismo internacional con ambiciones globales, no limitado a Medio Oriente.
Un foro dominado por Estados Unidos y por Trump mismo como presidente vitalicio de la Junta, con poder de veto absoluto sobre decisiones, agenda y sucesión.
Un mecanismo que muchos interpretan como alternativa o rival indirecto de la ONU, con estructura de mando personalista y orientado a redefinir el orden multilateral tras la Segunda Guerra Mundial.
Bajo los estatutos que se han filtrado, solo el propio Trump figura como presidente, y su permanencia podría extenderse más allá de su mandato presidencial en la Casa Blanca.
Además, para ser miembro permanente se exige una contribución de US$1.000 millones –una cifra que críticos señalan como una forma de mercantilizar la diplomacia global–, mientras que muchos aliados tradicionales han expresado dudas o incluso rechazo a participar.
Respuesta internacional y fractura en Occidente
El lanzamiento en Davos fue acompañado por un dientes apretados gesto diplomático más que por un respaldo rotundo:
Varios aliados de Washington, incluidos países de la Unión Europea y los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, se negaron a participar o se mantienen en duda.
Países como Noruega, Francia y Suecia rechazaron la invitación incluso sin costo, escépticos ante la concentración de poder y el riesgo de sustituir al multilateralismo por un liderazgo unipersonal.
Este contexto exhibe una paradoja del trumpismo global: mientras Trump presume de “liderar la paz mundial”, la realidad es que solo un puñado de gobiernos aceptó participar de la iniciativa en su forma actual.
Milei y la subordinación política de la Argentina
La presencia de Javier Milei en la firma de la Junta de Paz no fue anecdótica. Representó, más bien, un gesto político de alineamiento rígido con la visión geoestratégica de Trump, que coloca a la Argentina en el frente de una nueva diplomacia marcada por la lógica centro-periferia de Washington.
La adhesión argentina –junto a otros gobiernos menores o no convencionales– refuerza la narrativa de un bloque que busca legitimar el proyecto de Trump como una alternativa efectiva a la ONU, aunque con poca adhesión entre las democracias occidentales tradicionales.
Este movimiento podría considerarse un símbolo de subordinación geopolítica, con implicancias directas para la autonomía de la política exterior argentina:
Se priorizan las agendas de seguridad y poder de Washington por encima de los mecanismos tradicionales multilaterales.
La Argentina se posiciona en una iniciativa cuestionada por su legitimidad y eficacia, potenciando la percepción de dependencia diplomática.
Una paz con interrogantes
Trump intenta presentar la Junta como una herramienta para “hacer lo que la ONU no hizo” y expandirla más allá de Gaza, pero lo cierto es que la iniciativa enfrenta doble escepticismo:
Internamente, porque concentra el mando en una sola figura. Externamente, porque muchos países dudan de su eficacia o temen que erosione instituciones globales establecidas.
La gran pregunta que queda tras el acto de Davos es si esta nueva diplomacia trumpista será un actor relevante para la paz mundial o simplemente un mecanismo de proyección política personal con réditos limitados en la arena internacional.