Dique Escaba: energía y crecidas en el este tucumano

Cada vez que el río Marapa crece y el agua vuelve a ocupar calles, campos y caminos en el este de Tucumán —especialmente en La Madrid— reaparece una pregunta que circula desde hace décadas: si parte de esas inundaciones está vinculada al manejo del dique Escaba.
El interrogante no discute la existencia de lluvias intensas. La cuenca del sur tucumano recibe precipitaciones fuertes cuando los frentes húmedos se descargan sobre las yungas y el pedemonte. La discusión apunta a otro punto: cómo se administra el agua almacenada en el embalse antes y durante esos eventos climáticos.
El dique Escaba tiene dos funciones centrales. La primera es hidráulica: regular el caudal del río Marapa, que nace en las sierras del sur tucumano y atraviesa zonas rurales y urbanas del departamento Graneros antes de dirigirse hacia Santiago del Estero. La segunda es energética: alimentar una central hidroeléctrica integrada al sistema eléctrico nacional.
Esa central es operada por Hidroeléctrica Tucumán S.A., empresa privada que obtuvo la concesión del complejo en 1996 durante el proceso de privatización de las centrales que pertenecían a Agua y Energía Eléctrica.
El paquete accionario quedó en manos de tres socios principales: la constructora José J. Chediack S.A.I.C.A., la empresa de ingeniería NECON S.A. y la asociación técnica del sector energético APUAYE. Ninguno de esos grupos tiene origen tucumano.
La compañía opera tres centrales hidroeléctricas en la provincia: Escaba, El Cadillal y Pueblo Viejo.
En conjunto suman aproximadamente 52 megavatios de potencia instalada y producen alrededor de 170 gigavatios hora de energía por año. En la escala del sistema eléctrico argentino es una generación modesta: representa cerca del 3 % de la potencia instalada de Tucumán, cuya matriz energética se apoya principalmente en centrales térmicas alimentadas a gas.
La electricidad producida por estas represas se despacha al Mercado Eléctrico Mayorista, coordinado por CAMMESA, el organismo que administra el sistema interconectado nacional.
A precios promedio del mercado eléctrico argentino, esa producción anual equivale a una facturación bruta estimada entre 10 y 15 millones de dólares por año, dependiendo del volumen de agua disponible y del valor estacional de la energía.
Es un negocio de escala media dentro del sistema energético nacional, pero con un rasgo particular: la operación se desarrolla sobre embalses ubicados dentro de la provincia y sobre ríos que atraviesan poblaciones tucumanas.
En ese punto aparece la discusión técnica que reaparece cada vez que el río Marapa se desborda.
Una represa hidroeléctrica funciona con una lógica conocida: cuanto mayor es el nivel del embalse, mayor es la presión de agua disponible para las turbinas y, por lo tanto, mayor es la capacidad de generación eléctrica.
Al mismo tiempo, desde el punto de vista hidráulico, los embalses pueden cumplir otra función: actuar como amortiguadores de crecidas. Para eso se requiere que el reservorio tenga capacidad disponible para recibir agua adicional cuando llegan lluvias intensas en la cuenca.
Cuando el nivel del embalse se mantiene alto durante períodos prolongados, el margen para absorber precipitaciones fuertes se reduce. Si el ingreso de agua supera la capacidad de retención, la operación de seguridad exige liberar caudal aguas abajo.
En el caso de Escaba, esa descarga se traslada directamente al río Marapa.
El problema aparece más adelante, cuando el río abandona la zona serrana y entra en las planicies del este tucumano. Allí la pendiente disminuye y el agua pierde velocidad, una condición que favorece anegamientos cuando el caudal crece de manera repentina.
Localidades como La Madrid han registrado episodios de inundaciones periódicas durante décadas. En cada uno de esos eventos vuelve a instalarse la misma discusión: si el sistema está operando prioritariamente para la generación eléctrica o si el manejo del embalse contempla en igual medida la regulación de crecidas.
Desde el punto de vista técnico, la apertura de compuertas forma parte del funcionamiento normal de una represa. La cuestión no es la existencia de ese mecanismo, sino el nivel previo del embalse y el volumen de agua que debe liberarse cuando llegan las lluvias.
La concesión de Hidroeléctrica Tucumán S.A. vence en 2026. Ese vencimiento abre una discusión de fondo sobre el futuro de estas centrales.
Más allá de la energía que producen —una porción relativamente pequeña del sistema eléctrico— los diques de Tucumán administran algo más sensible: el control del agua en cuencas que atraviesan poblaciones, economías regionales y territorios donde cada crecida deja huella.
En ese equilibrio entre energía y gestión del agua se encuentra una discusión que, en Tucumán, reaparece cada vez que el río vuelve a salirse de su cauce.