Detienen a la pareja del “Militar” Sosa en un country de Yerba Buena

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La detención de la pareja de Felipe “El Militar” Sosa reabre la escena íntima del femicidio y expone una trama de silencios, celos y poder que la Justicia recién empieza a desatar.

La madrugada en la que Érika Antonella Álvarez dejó de existir no terminó cuando su cuerpo fue abandonado, envuelto en bolsas negras, en un descampado de Manantial Sur. Aquella noche siguió viva en los mensajes borrados, en las puertas que no se abrieron y en las presencias que, durante semanas, la investigación apenas rozó.

Este domingo, minutos antes de las 20, ese círculo se cerró: Justina Gordillo, pareja de Sosa, fue detenida y el caso ingresó, definitivamente, en la busqueda de certezas.

La mujer fue localizada en la vivienda de su hermano, dentro de un country de Yerba Buena. Las fuerzas de seguridad desplegaron un operativo que incluyó varios vehiculos y despliegues de efectivos que llegaron allí después de varios días de búsqueda silenciosa, allanamientos fallidos y una orden de detención que se hizo esperar. Cuando la Policía finalmente avanzó, ya no se trataba de una testigo más: los investigadores ubican a Gordillo dentro de la casa donde ocurrió el crimen.

Según la reconstrucción judicial, Gordillo, habría estado presente la noche en que Érika murió. No sólo eso: participó de un encuentro íntimo junto a Sosa y la víctima, una escena que hoy es clave para entender lo que vino después. En los márgenes de esa intimidad aparecen los indicios que tensan la causa: mensajes previos, celos mal disimulados y una relación que Érika —según su familia— desconocía.

Gordillo trabaja en la Justicia provincial hace una década. En la actualidad se desempeña como Prosecretaria con funciones en la Secretaría de Superintendencia, que es el órgano administrativo central que maneja el funcionamiento interno, recursos y superintendencia sobre los demás juzgados y que reporta directamente a la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán.

Divorciada y en sus redes sociales se presenta como Justina Gordillo Colombres.

Sosa, ex teniente de Infantería del Ejército Argentino y empresario de seguridad privada, continúa detenido como principal imputado por femicidio. Desde su arresto, la causa avanzó como avanzan las historias donde el poder se mezcla con la impunidad: lento, con resistencia y bajo presión social. La detención de su pareja rompe, por primera vez, ese equilibrio.

Fuentes de la investigación sostienen que Gordillo podría haber tenido un rol activo o posterior al hecho, ya sea como partícipe o como encubridora. La Justicia aún no lo define, pero su arresto no es decorativo: es una pieza central que altera toda la escena original del crimen.

El jefe de Policía, Joaquín Girvau, reconoció que se trata de un paso “clave”, aunque advirtió que la causa sigue abierta y que se profundizará la búsqueda de otros posibles vínculos, incluso en entornos ligados al narcotráfico y a relaciones de poder que exceden lo personal.

Érika tenía 25 años. Había recibido amenazas. Había ingresado a una casa donde no todos decían la verdad. Salió de allí convertida en un cuerpo descartable.

Hoy, con una nueva detención, el expediente ya no mira sólo al autor material. Empieza a mirar alrededor, donde suelen esconderse las responsabilidades más difíciles de probar.