De Soledad a Milo J: 30 años después, Cosquín volvió a temblar

A los 19 años, Milo J cerró el festival con la plaza colmada de jóvenes, entradas agotadas y una escena que recordó otro momento disruptivo: cuando Soledad Pastorutti, hace tres décadas, también incomodó al folklore. Anoche, la historia se cruzó en el mismo escenario.
por Redacción asistida por IA
La Plaza Próspero Molina no miente. Cuando se llena de jóvenes, cuando las entradas se agotan apenas salen a la venta, cuando el murmullo previo se parece más al de un recital de rock que al de un ritual folklórico, algo está pasando. Así cerró Cosquín 2026, con una multitud juvenil que tomó la novena luna como propia y convirtió al escenario Atahualpa Yupanqui en un espejo del tiempo.
El responsable fue Milo J. Con 19 años, el artista más joven en cerrar el festival mayor del folklore argentino llegó desde la escena urbana para hacer lo que pocos logran: habitar Cosquín sin pedir permiso y sin impostar tradición. Lo suyo fue cruce, respeto y lectura fina del momento histórico.
Cuando la historia se repite (pero con otro sonido)
La imagen fue poderosa y no pasó desapercibida: Milo J y Soledad Pastorutti compartiendo escenario. Treinta años atrás, fue La Sole la que descolocó al folklore tradicional, la que llevó adolescentes a Cosquín, la que fue mirada de reojo por los guardianes de la ortodoxia. Hoy, convertida en figura central del cancionero popular, volvió al mismo escenario para cantar con quien encarna la nueva incomodidad.
El paralelismo es inevitable. Ayer fue Soledad, hoy es Milo J. En ambos casos, juventud, masividad y una estética que no encaja del todo en el molde. Y en ambos, la misma pregunta flotando en el aire: ¿hasta dónde puede cambiar el folklore sin dejar de serlo?
Una plaza joven, llena y protagonista
No fue un detalle menor: la Próspero Molina estuvo colmada de jóvenes, muchos de ellos debutantes en Cosquín, que coparon el festival desde temprano y agotaron localidades ni bien se habilitó la venta. Esa marea juvenil marcó el pulso de la noche y explicó, mejor que cualquier debate teórico, por qué la apuesta funcionó.
Milo J entendió ese clima y lo potenció con invitados de peso. Campedrinos, consagrados esa misma noche, y otras figuras del folklore acompañaron el cierre, en un gesto que selló el diálogo entre generaciones y estilos.
La resistencia que nunca falta
Como hace 30 años, también apareció la resistencia. En redes sociales y en la transmisión en vivo, un sector del folklore expresó su incomodidad ante la presencia de un artista surgido del trap en la noche final del festival. Las críticas no apuntaron tanto al talento como al símbolo: el escenario, el horario, el lugar ganado.
Pero Cosquín volvió a decir lo suyo sin discursos: la plaza respondió.
Cosquín, una vez más, como termómetro
Cosquín 2026 cerró dejando una escena que ya es postal: tradición y ruptura compartiendo micrófono. Como en los ‘90 con Soledad, el festival volvió a demostrar que el folklore no se conserva inmóvil, se discute, se tensa y se renueva.
Treinta años después, la historia no se repitió: rimo distinto. Y la Próspero Molina, llena y joven, volvió a aplaudir.