El Tucumán de los dos millones

DARIOMONTEROS

Hay exageraciones literarias, exageraciones épicas y después está la versión estadística freestyle. El ministro de Interior, Darío Monteros, en su defensa cerrada del gobernador Osvaldo Jaldo, decidió que Tucumán ya juega en la liga de “más de 2 millones de tucumanos”.

El inconveniente es que el padrón demográfico no acompaña semejante entusiasmo.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, el Censo 2022 Argentina arrojó 1.731.820 habitantes. Con crecimiento proyectado, podrá rozar 1,75 millones. Pero entre 1,75 y 2 millones hay casi 300 mil personas de diferencia. No es un error de tipeo: es población equivalente a varias ciudades tucumanas.

La escena es más rural que digital. Si en el corral hay 100 vacas, se cuentan 100. No se agregan los posibles terneros que podrían nacer la próxima temporada solo para quedar bien con el hacendado. El stock es el que está. Lo demás es expectativa productiva.

Monteros no estaba haciendo demografía, claro. Estaba haciendo política. Su mensaje buscó subrayar que el peronismo tucumano es pragmático, que acompaña la conducción y que gana elecciones mientras otros se entretienen en internas. Incluso deslizó una comparación implícita con Axel Kicillof, como si la solidez territorial se midiera en volumen.

Pero hay un detalle incómodo: cuando el argumento central es la legitimidad popular, el número no es ornamental. Es la base del edificio. Si el cimiento arranca con 300 mil habitantes de más, el relato pierde precisión.

Se puede defender una ley sin celebrarla. Se puede reivindicar el pragmatismo sin pedir permiso. Lo que no conviene es convertir al censo en un género flexible. Porque si la épica consiste en agrandar la provincia a fuerza de teclado, el riesgo es que el discurso termine sobreactuado.

En política, como en matemática básica, antes de hablar de conducción conviene revisar la suma. Y Tucumán, por ahora, sigue teniendo los habitantes que dicen los registros. Ni uno más. Ni uno menos.