Las tormentas de Tucumán

No son buenos días para Tucumán. Cuando el clima, la negligencia y los intereses coinciden en el mismo punto del mapa, el resultado suele ser previsible. Esta vez la postal volvió a ser La Madrid. No por casualidad. Los lugares donde el agua vuelve siempre son, casi siempre, los lugares donde el tiempo pasó sin dejar obras suficientes.
Pero La Madrid es, en rigor, apenas una síntesis. Una metáfora geográfica de algo más extendido. En Tucumán hay muchas La Madrid: algunas visibles, otras silenciosas; algunas en los mapas, otras en los presupuestos. Cambia la escala. El problema permanece.
La lluvia, de hecho, tiene una disciplina casi ritual. Llega con estruendo, convoca diagnósticos urgentes, activa recorridas oficiales y promesas de ocasión. Luego escampa. Y con el sol llega también el viejo aliado de la política argentina: el olvido. Hasta que el cielo vuelve a cerrarse y las imágenes regresan con una precisión incómoda. El agua avanza. La angustia se repite. Los nombres, apenas, se renuevan.
En ese paisaje —climático y político— el gobernador Osvaldo Jaldo observa cómo su consigna de “Primero Tucumán” atraviesa un comienzo de año más áspero de lo previsto. No por un hecho aislado, sino por esa acumulación silenciosa de episodios que, sin ser decisivos por separado, juntos construyen clima. Y en política el clima importa tanto como los hechos.
El 2026 recién empezó y, sin embargo, la provincia ya transitó demasiadas escenas. La supuesta patota en Tafí del Valle, el crimen de Erika y la inesperada derivación que dejó a una funcionaria judicial imputada, la fotografía en playas mexicanas que agitó conversaciones más allá de las redes. A eso se sumó la ruptura con La Bancaria, siempre ruidosa cuando ocurre, los votos en el Congreso de los llamados peronistas “con peluca”, la discusión por la designación del Defensor del Pueblo, las inundaciones recientes y el episodio del “ancazo” protagonizado por Marcelo “Pichón” Segura —o el “Vikingo”, según el narrador de turno. A esto en las últimas horas se sumó la denuncia judicial del tranqueño en contra de la diputada libertaria Soledad Molinuevo (primicia de Quorum).
Demasiado movimiento para tan pocas semanas.
La política, sin embargo, tiene una lógica distinta a la meteorología. Las tormentas naturales se padecen. Las políticas se interpretan. Y, cuando es posible, se aprovechan.
Mientras el oficialismo administra urgencias, las llamadas “fuerzas del cielo” encuentran un territorio fértil para acelerar. Sin responsabilidades de gestión en la provincia, la oposición dispone de un recurso que en política siempre cotiza alto: tiempo. Tiempo para señalar, para insistir, para construir relato.
En ese contexto, algunos hombres del círculo más cercano al gobernador quedaron bajo una luz incómoda. No necesariamente por errores irreparables, pero sí por episodios que dejaron marcas. En sistemas políticos tan personalistas como el tucumano, cuando el entorno se agita, la mirada pública termina regresando siempre al mismo lugar: el centro.
Y el centro, en Tucumán, sigue siendo el gobernador.
Por eso todas las señales vuelven a Osvaldo Jaldo. No sólo porque conduce el gobierno, sino porque también administra el delicado equilibrio del peronismo provincial, un arte que aquí se practica con la precisión de un relojero y la paciencia de un ajedrecista.
Como si el calendario quisiera añadir un capítulo más a esta secuencia, en los próximos días llegará a la provincia Javier Milei. Y aunque las visitas presidenciales suelen explicarse con argumentos variopintos, en política cada fotografía tiene su propio idioma.
Allí aparecerá, probablemente, la próxima escena.
La incógnita no es menor. Qué versión del gobernador se mostrará ante esa circunstancia: el dirigente dialoguista que ha sabido tender puentes cuando la coyuntura lo exigía, o el conductor territorial que decide marcar límites cuando percibe que el tablero empieza a moverse bajo sus pies.
Porque Tucumán tiene una vieja costumbre: las tormentas —las de agua y las de poder— rara vez terminan cuando escampa. Simplemente se retiran por un tiempo.
Hasta la próxima nube.