Belgrano Cargas: el reloj corre y el Gobierno acelera definiciones

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Con pliegos listos y una licitación inminente, el proceso de privatización entra en fase decisiva. En línea con lo anticipado por Quorum, el margen de incertidumbre se achica, pero no desaparece.

El Gobierno nacional se encamina a lanzar antes de fin de mes la licitación del Belgrano Cargas, con la expectativa de cerrar el proceso de privatización hacia diciembre. La hoja de ruta, que ya venía deslizándose en distintas etapas, empieza a tomar forma concreta.

No es un dato aislado. Es la confirmación de un proceso que —como anticipó Quorum en “Belgrano Cargas: fechas, interesados y una definición inminente”— venía acumulando señales de aceleración, aunque con idas y vueltas en los plazos.

El punto central es que los pliegos ya están listos y sólo resta su publicación. A partir de ahí, se abrirá formalmente la competencia entre actores locales e internacionales que vienen siguiendo el proceso desde hace meses.

Pero el esquema no es lineal ni simple.

El modelo elegido por el Gobierno no replica las privatizaciones clásicas. Se trata de una desintegración por partes:

– concesión de vías e infraestructura,

– licitación de talleres,

– y venta del material rodante por separado.

Esto implica que no habrá un único operador, sino múltiples actores sobre distintos segmentos del sistema ferroviario.

En términos políticos y económicos, el dato relevante es el plazo: diciembre como horizonte de privatización efectiva. Un cronograma ambicioso si se considera que el proceso ya sufrió reprogramaciones previas y que todavía restan definiciones clave sobre activos, condiciones contractuales y regulaciones.

Ahí aparece la tensión de fondo.

El Gobierno busca mostrar velocidad y decisión en uno de los proyectos estructurales de su agenda económica. Pero el propio recorrido del Belgrano Cargas —con antecedentes de privatización, fracaso, reestatización y ahora nueva apertura al capital privado— introduce una dosis inevitable de cautela.

No es un activo menor. Se trata de una red estratégica para la logística de economías regionales, especialmente del norte argentino, que conecta producción con puertos y mercados externos.

Por eso, más que la licitación en sí, lo que está en juego es el modelo.

Quorum lo planteó en su momento: no se trata sólo de quién se queda con el negocio, sino de bajo qué reglas, con qué controles y con qué horizonte de inversión. La eficiencia —hoy muy por debajo de estándares internacionales— es uno de los argumentos centrales del oficialismo para avanzar en la privatización.

Sin embargo, la experiencia histórica obliga a mirar más allá del anuncio.

El Belgrano Cargas ya fue concesionado en los 90, con resultados que derivaron en deterioro operativo, caída en los volúmenes transportados y, finalmente, su reestatización en 2013. El ciclo vuelve a abrirse, pero con interrogantes similares: inversión real, control estatal y equilibrio entre rentabilidad privada y función estratégica.

En ese marco, el Gobierno acelera. El mercado espera. Y el sistema —una vez más— entra en transición. La diferencia es que ahora hay menos margen para errores.