Arbitraje y Poder: El quiebre institucional entre Atlético Tucumán y la AFA

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El conflicto desatado tras el empate entre Instituto y Atlético Tucumán en Alta Córdoba ha trascendido el análisis de un error arbitral para convertirse en un nuevo capítulo de la tensión política que atraviesa el fútbol argentino. La actuación de Fernando Espinoza y la posterior respuesta de Pablo Toviggino, tesorero de la AFA, exponen la fragilidad del vínculo entre los clubes del interior y la conducción central.

El detonante: La falla técnica y el criterio arbitral

El malestar de la dirigencia tucumana se originó en una secuencia crítica: Espinoza sancionó un penal a favor de Instituto en un momento donde, según el reporte oficial, existió una caída en el sistema de comunicación con el VAR. La imposibilidad de revisión, sumada a la cuestionada interpretación del contacto, llevó a la Comisión Directiva de Atlético Tucumán a emitir un comunicado oficial sin precedentes.

En el documento, el club no solo solicitó que Espinoza no vuelva a ser designado para sus encuentros, sino que fue más allá al cuestionar la idoneidad psicológica del juez mendocino, citando antecedentes de confrontación con jugadores y cuerpos técnicos.

La respuesta de AFA: El factor Toviggino

Lejos de una mediación institucional o un descargo técnico por parte de la Dirección Nacional de Arbitraje, la respuesta llegó a través de la cuenta personal de Pablo Toviggino. El dirigente, pieza clave en la estructura de Claudio Tapia, utilizó una retórica que ya ha aplicado en conflictos previos con otros clubes (como Talleres o Rosario Central):

  • La advertencia: Al señalar que “el que más pide se muere primero”, la AFA marca una línea de gestión donde la queja pública es interpretada como una agresión al sistema.
  • La verticalidad: La respuesta de Toviggino ratifica un modelo de conducción donde los errores arbitrales se discuten “puertas adentro” y cualquier exposición externa es penalizada con el aislamiento político del club reclamante.

Un escenario de tensión creciente

Este episodio sitúa a Atlético Tucumán en una posición compleja. Por un lado, la dirigencia encabezada por Mario Leito responde a la presión de sus socios por la defensa de los intereses deportivos; por otro, se enfrenta a un aparato administrativo que ha demostrado un control férreo sobre las designaciones y las sanciones.

El trasfondo de esta disputa no es solo una jugada puntual. Es la disputa por el límite de la crítica permitida en el fútbol argentino y la discrecionalidad de una cúpula que responde con dureza ante lo que considera un desafío a su autoridad.

Puntos clave del conflicto:

  • Falla de comunicación: El VAR no pudo intervenir en la jugada del penal por problemas técnicos, dejando la decisión íntegramente en manos de Espinoza.
  • Pedido de veto: Atlético Tucumán formalizó su pedido para que Espinoza sea apartado de sus partidos, algo que la AFA rara vez concede bajo presión pública.
  • Contexto institucional: El cruce ocurre en un marco de debate por las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) y el control de los arbitrajes, donde el “alineamiento” con Viamonte se vuelve una moneda de cambio constante.