Acuerdo con EEUU: ganadores, perdedores y el impacto en Tucumán

El acuerdo comercial y de inversiones firmado entre la Argentina y Estados Unidos representa uno de los movimientos más significativos de la política económica exterior del gobierno de Javier Milei. Sin embargo, lejos de un efecto inmediato y uniforme, su implementación será gradual, con beneficios sectoriales claros, costos concentrados y un impacto desigual según regiones y cadenas productivas.
El entendimiento no equivale a un tratado de libre comercio pleno y todavía requiere ratificación del Congreso y adecuaciones normativas internas. Aun así, algunas medidas comienzan a operar por decisiones administrativas y compromisos bilaterales ya asumidos.
Quiénes ganan con el acuerdo
Entre los sectores con perspectivas favorables se destaca el complejo cárnico. La apertura del mercado estadounidense para la carne argentina, con ampliación de cuotas y reducción de barreras sanitarias, podría elevar las exportaciones hasta en US$ 800 millones anuales, según estimaciones oficiales. Estados Unidos es un mercado de alto valor agregado, lo que mejora precios y márgenes.
Las economías regionales exportadoras también aparecen entre las beneficiadas. Productos como miel, cítricos, vinos y frutas procesadas mejoran su competitividad por la reducción de aranceles. En el caso de los limones, más del 50 % de las exportaciones argentinas ya tienen como destino Estados Unidos, lo que convierte al acuerdo en una ampliación de un canal comercial existente, no en una apuesta incierta.
Otro sector con expectativas positivas es el de minerales críticos y recursos naturales, especialmente litio y cobre, donde el interés estadounidense apunta a asegurar insumos estratégicos para la transición energética y la industria tecnológica.
En el plano industrial, la eliminación de aranceles para 1.675 productos argentinos que ingresan a EE.UU. y el tope del 10 % para el resto mejora previsibilidad para exportadores de manufacturas con capacidad de escala.
Quiénes pierden o quedan expuestos
Del otro lado, la apertura genera tensiones en sectores menos competitivos. La industria textil, metalmecánica liviana y manufacturas sensibles enfrentan una mayor presión por el ingreso de productos estadounidenses con menores costos y mayor escala productiva.
Las pymes orientadas al mercado interno, especialmente aquellas que compiten con bienes de capital, insumos químicos o tecnología importada, aparecen entre las más vulnerables si no hay políticas de transición o reconversión.
Un capítulo especialmente delicado es el de la industria farmacéutica nacional. La habilitación del ingreso de medicamentos aprobados por la FDA sin reinspección local es vista como una amenaza por laboratorios argentinos, que advierten sobre pérdida de mercado y empleo.
Tucumán: oportunidades claras y riesgos acotados
En el caso de Tucumán, el impacto del acuerdo muestra un perfil mayoritariamente favorable, aunque no exento de desafíos. La provincia tiene una estructura productiva fuertemente ligada a la agroindustria, con especialización en limón, cítricos, azúcar, alcohol, miel y derivados.
El complejo citrícola tucumano, líder mundial en exportación de limón industrializado, podría verse beneficiado por menores costos de acceso al mercado estadounidense y mayor previsibilidad comercial. Lo mismo ocurre con la miel y otros productos de economías regionales, donde EE.UU. ya es un comprador relevante.
El impacto positivo también podría trasladarse a empleo, logística y servicios asociados a la exportación, con efectos indirectos sobre la economía provincial. Sin embargo, sectores industriales locales que dependen del mercado interno podrían enfrentar mayor competencia si la apertura se acelera sin instrumentos de acompañamiento.
En términos fiscales y de actividad, el efecto neto para Tucumán dependerá de la capacidad de escalar exportaciones, sostener estándares sanitarios y agregar valor local, más que del acuerdo en sí.
Un balance abierto
El acuerdo con Estados Unidos no es neutro ni automático. Genera ganadores claros, perdedores concentrados y zonas grises que dependerán de la implementación, del debate parlamentario y de las políticas complementarias que adopte el Estado. Para provincias como Tucumán, el desafío será convertir una oportunidad comercial en desarrollo sostenido, evitando que la apertura se limite a pocos sectores y deje costos sociales en otros.