El dato baja, la duda queda: por qué ponen en cuestión la medición de la pobreza

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Un informe del CEDLAS de la Universidad Nacional de La Plata volvió a poner bajo la lupa uno de los números más sensibles de la economía argentina: la pobreza. Según una nota publicada en Infobae y firmada por Ludmila Di Grande, el trabajo no niega la mejora reciente, pero sí cuestiona su magnitud.

El punto de partida es el dato oficial del INDEC: 28,2% de pobreza en el segundo semestre de 2025. Una caída fuerte si se la compara con los picos de 2023 y 2024. Sin embargo, para los investigadores del Cedlas —Leonardo Gasparini, Leopoldo Tornarolli y Iván Albina— esa baja existe, pero es bastante más modesta de lo que muestran las cifras oficiales.

La sospecha no es política, es metodológica. Y ahí está el corazón del debate.

Primero, el desfasaje. Los ingresos que declara la gente en la encuesta oficial (la EPH) corresponden al mes anterior, pero la línea de pobreza se calcula con precios del mes actual. En un país con inflación alta, ese corrimiento temporal no es neutro: puede hacer que la pobreza parezca más alta o más baja de lo que realmente es, según el momento del ciclo.

Segundo, el subregistro de ingresos. Parte de la mejora podría explicarse no porque la gente gane más, sino porque declara mejor lo que gana. Cambios en los cuestionarios y en el contexto inflacionario pueden haber afinado esa “foto”. El problema es evidente: si cambia la forma de medir, cambia el resultado, aunque la realidad no lo haga en la misma proporción.

Tercero, la canasta. La medición de pobreza todavía se apoya en patrones de consumo viejos. Cuando el Cedlas actualiza esos hábitos —incorporando, por ejemplo, mayor peso de los servicios— el resultado es consistente: la pobreza da más alta en todos los períodos.

La combinación de estos tres factores altera la película completa. Donde el INDEC ve una caída de alrededor de 10 puntos entre 2023 y 2025, el Cedlas estima una reducción mucho más acotada, cercana a los 2 puntos. Traducido: la mejora existe, pero no es el rebote contundente que sugiere la estadística oficial.

En paralelo, otras voces empiezan a marcar la misma incomodidad. Agustín Salvia, desde el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, habla de una “paradoja”: los números mejoran más rápido que la percepción social y la capacidad de consumo. Algo no termina de cerrar en la experiencia cotidiana.

El trasfondo es más profundo que una discusión técnica. Es un problema de credibilidad y de lectura política. En un contexto donde la inflación sigue condicionando ingresos y el mercado laboral muestra señales de fragilidad, la pobreza deja de ser solo un indicador y pasa a ser un terreno de disputa.

Porque medir no es neutral. Define el diagnóstico. Y el diagnóstico, en la Argentina, suele anticipar el conflicto.