Milei y el poder económico: reforma, conflicto y nuevo mapa empresario

En una columna publicada en la sección Opinión de La Nación, Francisco Olivera analiza los choques del Presidente con figuras centrales del establishment y los interpreta como parte de una disputa más profunda sobre el modelo productivo y la arquitectura del poder en la Argentina.
El artículo “Milei, el nuevo régimen y los dueños de la Argentina”, firmado por Olivera y publicado el 21 de febrero de 2026 en La Nación, propone una lectura estructural de los recientes enfrentamientos del presidente Javier Milei con referentes del poder económico.
La hipótesis central es clara: el mandatario no confronta solamente por estilo o temperamento, sino desde una definición doctrinaria. La distinción entre una economía “competitiva” y otra “corporativa” funciona como argumento ordenador de sus embestidas públicas. En ese marco se inscriben los cruces con Paolo Rocca, Javier Madanes Quintanilla y, de manera más silenciosa, las tensiones en torno al capítulo financiero de la reforma laboral que involucró a las billeteras virtuales y al sistema bancario tradicional.
Olivera sugiere que el empresariado atraviesa una fase de cautela. Hay respaldo al rumbo macroeconómico, pero incomodidad frente a la modalidad confrontativa. El bajo perfil adoptado por varios actores relevantes no sería casual: el Gobierno combina señales de apertura promercado con advertencias explícitas contra privilegios sectoriales.
El análisis también conecta estos episodios con la negociación internacional por aranceles al acero y el aluminio, la discusión legislativa de la reforma laboral y la reconfiguración del sistema político tras la consolidación parlamentaria del oficialismo. El texto introduce, además, una dimensión política más amplia: la crisis de representación sindical y la fragmentación opositora como condiciones que amplían el margen de maniobra presidencial.
Más allá de la columna, el trasfondo remite a una tensión histórica en la Argentina: la relación entre poder político y poder económico cuando el discurso oficial reivindica mercado, pero cuestiona actores concretos del mercado. El interrogante no es menor. ¿Se trata de una etapa transicional hacia reglas más homogéneas o de una disputa selectiva con determinados sectores?
El artículo no cierra con definiciones concluyentes, pero delimita el campo de batalla conceptual: crecimiento, competitividad y legitimidad. En un país con ciclos reiterados de crisis, el debate excede nombres propios. Lo que está en juego es quién fija las reglas, bajo qué lógica y con qué resultados verificables. (Fuente: La Nación, sección Opinión, 21 de febrero de 2026).