Espinoza lo hizo de nuevo, inclinó la cancha y el Decano se vuelve masticando bronca

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Atlético Tucumán cayó 2 a 1 ante Instituto en un partido que estaba controlado, pero que se rompió por un penal “inventado” por el árbitro. El equipo de Colace hizo el gasto, pero el silbato de Espinoza volvió a ser protagonista por las razones equivocadas.

El fútbol tiene esas noches donde la lógica se rinde ante el capricho de un silbato. Atlético Tucumán se plantó en el Monumental de Alta Córdoba con la premisa de ratificar la levantada, pero terminó siendo víctima de un guion que parece repetirse cada vez que Fernando Espinoza se cruza en el camino del Decano. Fue derrota 2 a 1 ante Instituto, en un trámite donde lo futbolístico quedó en segundo plano tras un arbitraje que rozó lo insólito.

Desde el arranque, el equipo de Hugo Colace mostró una cara ambiciosa. Con la solidez de Gianluca Ferrari atrás y el empuje de un mediocampo que batalló cada pelota como si fuera la última, el Decano incomodó a la “Gloria”. Sin embargo, el partido se jugaba bajo una tensión latente, esa que suele generar la sola presencia de Espinoza en el campo.

La gran polémica estalló cuando el juez principal sancionó un penal inexistente a favor del conjunto local. Una jugada de esas que, con VAR o sin él, no resisten el menor análisis, pero que Espinoza —fiel a su estilo desafiante— sostuvo a rajatabla. Ese golpe anímico descolocó a un Atlético que, hasta ese momento, no pasaba sobresaltos.

Instituto aprovechó el envión y el desorden momentáneo de la visita para golpear en el cierre del partido, llevándose un premio excesivo para lo que se vio en los 90 minutos. El descuento o la lucha del final no alcanzaron para torcer una historia que ya parecía escrita por el arbitraje.

El saldo es amargo: Atlético no pudo levantar cabeza fuera de casa y suma una derrota que duele, no por el juego, sino por la forma. El ciclo de Colace muestra señales de identidad, pero anoche, en Córdoba, el fútbol quedó de lado para darle paso al “show” de un árbitro que volvió a ser el centro de todas las críticas.

Ahora, al Decano le toca lamerse las heridas, bajar los decibeles y pensar en lo que viene, sabiendo que contra ciertos imponderables de negro, a veces, jugar bien no alcanza.