Biogás propio y energía verde: Citromax cierra el círculo

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Lo que antes era apenas un subproducto del proceso industrial, hoy empieza a ser innovación. En Tucumán, Citromax, una de las mayores productoras y exportadoras de limón orgánico del mundo, avanza en un proyecto que condensa época y agenda: convertir su propio biogás en energía limpia, reducir costos, bajar impacto ambiental y mostrar que la economía circular puede ser algo más que un slogan.

La idea no nació de un laboratorio de innovación ni de una moda verde. Surgió de la práctica cotidiana: del tratamiento anaeróbico de efluentes industriales, un sistema que la empresa utiliza desde hace años y que, en el proceso, genera biogás. Durante mucho tiempo ese gas se usó solo para estabilizar el reactor. Pero las mejoras técnicas cambiaron la ecuación.

“Hoy estamos generando más biogás del que necesitamos para el funcionamiento del sistema, y eso abre la posibilidad de aprovecharlo energéticamente”, explicó Rodolfo Arrueta, gerente de Medio Ambiente y Sustentabilidad de la firma, en declaraciones publicadas por EcoBiz.

El proyecto apunta a un esquema de autogeneración energética, con dos usos concretos: Generación de energía eléctrica, para consumo interno de la planta. Cogeneración térmica, aprovechando el calor residual para otros procesos productivos.

En términos técnicos, el biogás es una mezcla rica en metano (CH₄) producida por la descomposición de materia orgánica en ausencia de oxígeno. Bien gestionado, no solo reemplaza combustibles fósiles, sino que además evita la liberación directa de metano a la atmósfera, uno de los gases de efecto invernadero más potentes.

Traducido al lenguaje llano: lo que antes era un problema ambiental y un costo operativo, ahora puede transformarse en energía limpia, local y predecible.

Economía circular con números propios

La apuesta por el biogás no es un hecho aislado. Forma parte de una estrategia de largo plazo. Según datos difundidos por la propia empresa, en los últimos años Citromax invirtió más de 1,5 millones de dólares en sistemas de tratamiento de agua y recuperación de recursos, logró compostar cerca de 19.500 toneladas de residuos orgánicos y desarrolló una huerta agroecológica destinada al consumo interno.

A eso se suma un dato que no es menor en tiempos de discusión ambiental: casi el 60% de sus campos conserva bosque nativo de Yungas, dentro de un esquema de Paisaje Productivo Protegido que busca compatibilizar producción y conservación.

Tucumán Impacta, la vidriera del modelo

Este enfoque también tuvo exposición pública en Tucumán Impacta, el evento más relevante del norte argentino en sustentabilidad, economía circular y modelos de triple impacto. En su última edición, realizada en San Miguel de Tucumán, Arrueta participó del panel “Las industrias y las economías comunitarias”, donde compartió la experiencia de la empresa junto a otros referentes del sector productivo.

El encuentro —que convoca a empresas, organismos públicos, universidades y organizaciones sociales— funcionó como motor y vidriera para este tipo de iniciativas: casos concretos, con base técnica y anclaje territorial, lejos del greenwashing y cerca de las decisiones reales de inversión.

Lo que viene

El proyecto de aprovechamiento energético del biogás todavía está en fase de evaluación técnica y económica, sin fecha cerrada de puesta en marcha. Se analizan variables clave como estabilidad operativa, eficiencia energética y escalabilidad. Pero el rumbo está claro.

En un contexto donde la energía es cada vez más cara y la sustentabilidad dejó de ser un gesto para convertirse en una exigencia del mercado, experiencias como esta muestran que la transición energética también puede nacer puertas adentro de la industria.

Cuando los residuos dejan de ser descarte y pasan a ser insumo, el discurso se vuelve práctica. Y ahí, la economía circular deja de ser promesa para transformarse en modelo.

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