River en la cornisa

Bajo presión, River Plate necesitó sufrir hasta el final para superar a Ciudad de Bolívar en su estreno en la Copa Argentina. Ganó, sí. Pero no convenció. Y en este presente, eso pesa.
El 1 a 0 llegó tarde, demasiado tarde para un equipo construido para dominar. El gol de Juan Fernando Quintero a los 86 minutos de penal evitó el papelón y sostuvo la clasificación. Antes de eso, River volvió a mostrarse espeso, previsible, con dificultades para romper líneas y sin la contundencia que supo ser marca registrada en otros ciclos.
El contexto agrava todo.
Los dirigidos por Marcelo Gallardo arrastraban dos derrotas consecutivas en el torneo local, ante Tigre y Argentinos Juniors. Caídas que encendieron cuestionamientos sobre el funcionamiento, la intensidad y el recambio. La Copa aparecía como alivio. Fue apenas un respiro.
River tuvo la pelota, pero no el control emocional del partido. Le costó acelerar, le faltó sorpresa por las bandas y volvió a evidenciar fragilidad cuando el trámite no se le acomoda rápido. Ciudad de Bolívar, ordenado y sin complejos, hizo su negocio: cerró espacios y llevó el duelo al terreno de la incomodidad.
El Monumental —o cualquier estadio donde juegue River— ya no es territorio de certezas. Cada ataque que no termina en gol suma murmullo. Cada error defensivo multiplica la tensión. El equipo avanza en la Copa, pero el rendimiento abre interrogantes más grandes que el resultado.
Ganó River. Avanzó River. Pero la sensación no fue de autoridad, sino de alivio.
El calendario no concede pausa y la exigencia tampoco. La clasificación sostiene el objetivo inmediato. El juego, por ahora, sigue en deuda.