Perú el Congreso censuró a José Jerí y activa otra transición exprés

En un pleno extraordinario y con amplia mayoría, el Parlamento destituyó al presidente interino y abrió un nuevo capítulo en la inestabilidad política peruana. A semanas de las elecciones generales, el país suma su octavo recambio en menos de una década.
por Redacción asistida por IA
El tablero político peruano volvió a moverse con velocidad. El Congreso de la República aprobó la censura de José Jerí en una sesión extraordinaria que terminó por sellar una gestión breve y atravesada por cuestionamientos. La votación, contundente, dejó sin margen de maniobra al mandatario interino y activó el mecanismo constitucional de sucesión.
La salida de Jerí no es un hecho aislado sino un eslabón más en una cadena de crisis que se arrastra desde hace años. Perú encadena presidentes, vacancias y censuras con una frecuencia que erosiona cualquier horizonte de estabilidad. Con esta decisión parlamentaria, el país registra su octavo recambio en menos de diez años, un dato que por sí solo explica el deterioro institucional.
La moción se apoyó en cuestionamientos políticos y en el desgaste acumulado por denuncias públicas que impactaron en la credibilidad del Ejecutivo. Aunque el proceso se desarrolló dentro de los carriles formales previstos por la Constitución, el trasfondo es inequívoco: la herramienta de la censura se ha convertido en un recurso recurrente para resolver disputas de poder en el vértice del Estado.
El momento elegido potencia la incertidumbre. Perú se encamina a elecciones generales en pocas semanas, y el reemplazo presidencial vuelve a colocar al Parlamento en el centro del escenario. Será el propio Congreso el que designe a su nueva conducción, y de allí emergerá quien asuma interinamente la jefatura del Estado hasta la proclamación de las autoridades surgidas de las urnas.
En términos regionales, la señal es clara. Mientras otros países de América Latina transitan tensiones económicas y sociales, el caso peruano exhibe una fragilidad política persistente, donde los conflictos entre Ejecutivo y Legislativo derivan sistemáticamente en rupturas anticipadas. No se trata solo de nombres propios, sino de un sistema que no logra estabilizar la relación entre poder, representación y gobernabilidad.
El resultado inmediato es una transición acelerada y un calendario electoral que avanza bajo la sombra de la inestabilidad. El desafío de fondo, en cambio, permanece abierto: reconstruir reglas previsibles en un país donde la excepcionalidad se volvió norma.