Gobierno y UIT: un pacto de “buenas intenciones”

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En un nuevo capítulo de la diplomacia de pasillo en Casa de Gobierno, el gobernador Osvaldo Jaldo recibió a la cúpula de la Unión Industrial de Tucumán (UIT). El comunicado oficial intentó transmitir un mensaje de “unión estratégica”, pero el trasfondo trasluce una realidad más árida: un sector privado cercado por la caída del consumo y un Estado provincial que, aunque ofrece “diálogo”, carece de herramientas macroeconómicas para revertir el parate productivo.

El peso de la foto: ¿Gestión o gesticulación?

La reunión se centró en la “preocupación” conjunta por sostener la producción y el empleo. Sin embargo, en la práctica, el encuentro funcionó más como una válvula de escape política que como una mesa de soluciones operativas. Mientras Jaldo busca mostrarse como el garante de la paz social, los industriales —encabezados por figuras como Jorge Rocchia Ferro— asisten al despacho oficial con una agenda de reclamos que el Ejecutivo provincial difícilmente puede resolver por sí solo: costos energéticos indomables y una presión fiscal que no da tregua.

“Hemos coincidido en la necesidad de trabajar juntos para que las fábricas no se detengan”, reza el textual oficial de la gobernación. No obstante, desde el sector fabril saben que, sin líneas de crédito blandas ni una baja real en los costos logísticos, la voluntad política es apenas un paliativo discursivo.

La realidad detrás del parte de prensa

El rigor periodístico obliga a leer entre líneas lo que la gacetilla omite:

  • El dilema de los costos: La UIT puso sobre la mesa el impacto de las tarifas eléctricas y de gas, temas que dependen de regulaciones nacionales o de una caja provincial que hoy prioriza el “equilibrio fiscal” sobre los subsidios productivos.
  • El factor empleo: El compromiso de “sostener los puestos de trabajo” suena más a una expresión de deseos que a una garantía jurídica. Con la demanda interna en caída libre, la industria tucumana opera con una capacidad instalada ociosa que pone en jaque cualquier promesa de estabilidad.
  • La orfandad nacional: El gesto de Jaldo intenta llenar el vacío que deja la falta de interlocutores claros en la administración central para las economías regionales.

Crónica de una crisis compartida

Para los industriales, la visita a Casa de Gobierno es un ejercicio de supervivencia institucional. Saben que necesitan al Gobierno para destrabar gestiones administrativas y mantener un canal abierto ante posibles conflictos gremiales, pero la “unión” declamada en los medios oficiales no se traduce, por ahora, en medidas impositivas concretas o alivios financieros de peso.

Lo que se vivió hoy en el Salón Blanco fue un simulacro de previsibilidad. El Gobierno de Tucumán necesita que la industria no despida para mantener la paz social, y la industria necesita que el Gobierno no le suelte la mano en la diaria. Pero en la economía real, fuera del despacho, los números siguen sin cerrar y la preocupación —por más que sea compartida— no alcanza.