El Senado de EEUU votó limitar los poderes de guerra y exige retirar fuerzas en Venezuela
EEUU frena a su propio presidente: una votación ajustada expuso una grieta inédita en Washington y reabrió el debate sobre quién decide la guerra en Estados Unidos. Venezuela, otra vez, en el centro de la disputa.
Por: Redacción asistida por IA
El Senado de los Estados Unidos aprobó este jueves una moción clave que respalda los límites a los poderes de guerra del presidente y exige la retirada de las fuerzas estadounidenses de acciones militares vinculadas a Venezuela. La votación fue tan ajustada como simbólica: 52 votos a favor y 47 en contra, reflejando una fractura política profunda en el corazón del poder norteamericano.
La resolución, encuadrada dentro de la Ley de Poderes de Guerra, no apunta solo a un escenario externo sino a un conflicto interno: el control del uso de la fuerza militar. En términos simples, el Senado decidió marcarle un límite al Ejecutivo y recordarle que la guerra no es una facultad unilateral del presidente, sino una atribución que debe contar con el aval del Congreso.
Un golpe político al Ejecutivo
Aunque la medida no implica un retiro inmediato y automático de tropas, el mensaje es contundente: el Senado rechaza que Estados Unidos se vea arrastrado a una escalada militar sin debate ni autorización legislativa. Venezuela aparece, una vez más, como escenario sensible de una política exterior cada vez más tensionada.
La votación fue posible gracias a un quiebre dentro del propio oficialismo, con legisladores que decidieron desmarcarse del presidente y acompañar la iniciativa. No es un dato menor: en Washington, estas decisiones suelen ser leídas como señales de desgaste del liderazgo presidencial, especialmente cuando involucran seguridad nacional.
Venezuela como punto de inflexión
Más allá del caso puntual, el trasfondo es más amplio. Venezuela se ha convertido en un punto de fricción permanente entre discursos de confrontación, operaciones encubiertas, presión diplomática y advertencias militares. En ese contexto, el Senado optó por bajar un cambio y recuperar una discusión que parecía saldada desde hace décadas: quién decide cuándo y dónde pelea Estados Unidos.
El debate no es nuevo, pero sí el contexto. En un mundo atravesado por conflictos simultáneos y tensiones geopolíticas crecientes, el temor a una escalada innecesaria empieza a ganar terreno incluso dentro del establishment norteamericano.
Para convertirse en ley, la resolución aún debe superar otros pasos institucionales y enfrenta la posibilidad de un veto presidencial. Sin embargo, incluso si no prospera formalmente, la señal política ya fue enviada: el Congreso busca recuperar poder frente a un Ejecutivo cada vez más expansivo en materia militar.
En términos reales, la votación deja una certeza incómoda para la Casa Blanca y una advertencia para la región: la política exterior estadounidense ya no es un bloque monolítico, y Venezuela sigue siendo una de sus principales zonas de conflicto.