El “Power Unit” de la discordia: Mercedes bajo la lupa y la incertidumbre de Alpine

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La transición de Alpine a los motores Mercedes para este 2026 no está siendo el camino de rosas que Briatore y compañía esperaban. Lo que debía ser un salto de calidad garantizado se ha transformado en una batalla técnica y legal en los despachos de la FIA que podría condicionar el arranque de la temporada.

El foco del conflicto no es menor: la relación de compresión y el flujo de los nuevos combustibles 100% sostenibles. Según los últimos reportes técnicos, las unidades de potencia de Brixworth (Mercedes) habrían interpretado una “zona gris” del reglamento que les permitiría una ganancia de eficiencia superior a la del resto de los motoristas.

Los puntos clave del conflicto:

  • La queja de los rivales: Red Bull Powertrains y Ferrari sostienen que el diseño de la cámara de combustión de Mercedes no cumple con los límites de presión estipulados para este ciclo reglamentario.
  • El riesgo de Alpine: Como equipo cliente, Alpine depende totalmente de la homologación final de Mercedes. Si la FIA exige cambios de último momento, el mapeo del motor deberá ser “capado”, afectando directamente la entrega de potencia y la fiabilidad.
  • El factor Australia: Con el GP de Melbourne a la vuelta de la esquina, el equipo francés se encuentra en una situación de vulnerabilidad: ¿llegarán con la versión más agresiva del motor o tendrán que conformarse con un “set-up” de emergencia para evitar sanciones?

En la Fórmula 1, cuando un motor nace con sospechas de ilegalidad, suele ser porque es muy rápido o porque sus ingenieros fueron demasiado creativos. Para Alpine, que puso todas sus fichas en este cambio de motorista para darle un auto competitivo a Franco Colapinto, el timing no podría ser peor.

La pregunta: ¿Es este un intento real de Mercedes por recuperar la hegemonía técnica o simplemente una maniobra política de los otros equipos para desestabilizar a la marca alemana antes de que se apague el primer semáforo?