Preocupación por la trama oculta del asesinato de Erika Alvarez
La brutal muerte de Erika Álvarez y la fuga del ex legionario Felipe Sosa exponen el circuito oculto donde el poder, las drogas y una justicia lenta confluyen en las zonas más exclusivas del Gran San Miguel.
El hallazgo del cuerpo de Érika Antonella Álvarez (25) dentro de una bolsa negra en un descampado de Manantial Sur fue el desenlace violento de una trama que se teje en las sombras. Su asesinato, y la posterior fuga y captura de Felipe «El Militar» Sosa, no son un hecho aislado. Son la punta de un iceberg que la Justicia busca desentrañar.
Este caso pone rostro y nombre a los patrones de impunidad: un circuito de fiestas privadas para élites, el consumo de drogas de alta gama y la participación de personajes oscuros.
El jueves 8 de enero, una llamada al 911 alertó sobre un cuerpo en un terreno de William Bliss y Gerónimo Helguera. Los peritos de Homicidios fueron claros desde el primer momento: la joven fue golpeada hasta la muerte en otro lugar y su cuerpo fue trasladado y abandonado con premeditación. La autopsia reveló una golpiza salvaje, con la mandíbula dislocada, lo que sugiere tortura previa.
Pero lo que definió el rumbo de la investigación no fue solo la violencia del método, sino el entorno social de la víctima. Las pesquisas revelaron que Érika frecuentaba un circuito exclusivo de fiestas electrónicas en Yerba Buena, donde se mezclaban jóvenes con problemas de adicción, empresarios, profesionales y proveedores de drogas. En ese microcosmos, un apodo resonaba con fuerza: «El Militar».
«EL MILITAR»: UN PERFIL QUE DESAFÍA LA CASUALIDAD
Felipe Sosa no es un desconocido para el sistema. Su perfil es un catálogo de las conexiones que suelen blindar a ciertos actores:
· Historial de Fuerza: Ex integrante del Ejército Argentino y de la Legión Extranjera Francesa.
· Empresario de la Seguridad: Fundó en 2009 «Seguridad Objetiva», empresa que brindaba servicios a firmas citrícolas y de transporte de caudales.
· Antecedentes bajo la alfombra: En junio de 2023, la Policía allanó su casa y halló 36 plantas de marihuana. Aunque alegó autocultivo medicinal, el procedimiento coincidió con denuncias por violencia de género de su ex pareja –hija de un poderoso empresario del transporte– y con sospechas de que su empresa era usada para lavar dinero.
· Fuga de película: Al sentirse acorralado, Sosa huyó de Tucumán en una moto de alta gama valuada en 50 millones de pesos, y fue capturado en Pilar, Buenos Aires, con su pasaporte en mano, listo para cruzar la frontera.
LA FACHADA Y LA TRAMA: FIESTAS, PODER Y BLANQUEO
La hipótesis más sólida que maneja la fiscalía es que la muerte de Érika ocurrió en el marco de una de esas fiestas privadas, ya sea por un exceso de consumo o porque la joven supo demasiado sobre el negocio de las drogas que allí se movía.
Estas celebraciones no son simples reuniones. Son el epicentro de una red donde:
1. Se normaliza el exceso: El consumo de sustancias es un «rito» permitido y protegido por el hermetismo de los barrios privados.
2. Se mezclan los mundos: Asisten hijos de familias poderosas, empresarios, y personajes como Sosa, que proveen «seguridad» o tienen contactos útiles.
3. Se lavan activos: La investigación sobre «Seguridad Objetiva» apunta a que empresas de fachada legitiman dinero de origen ilícito, un esquema clásico que requiere complicidad contable, bancaria y, a menudo, indiferencia judicial.
¿QUÉ SE INVESTIGA AHORA?
La fiscalía, a cargo de Carlos Picón, avanza en tres frentes que podrían hacer estallar el caso:
1. El Móvil: Determinar si fue un homicidio por exceso, un ajuste de cuentas por drogas o un crimen para silenciar a la víctima.
2. La Red: Establecer si Sosa actuó solo o si la logística para mover el cuerpo involucró a cómplices dentro de su empresa o círculo.
3. El Lavado: Profundizar en los libros de «Seguridad Objetiva». Si se prueban maniobras de blanqueo, la causa pasaría a la Justicia Federal, un escenario que ciertos poderes locales temen, ya que expondría hilos que nunca debieron tocarse.
Este caso no es solo un policial. Es un mapa que señala la existencia de un submundo en Tucumán: las fiestas privadas donde se fraguan negocios, las empresas que encubren delitos, y el sistema que suele mirar para otro lado. La muerte de Érika Álvarez exige justicia por ella, pero también una investigación que recorra toda la trama de complicidades que la hizo posible.