La morosidad de los hogares se triplicó y tocó un récord histórico

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Alarma en el sistema financiero. Ni en la pandemia se registraron niveles tan altos de incumplimiento en créditos personales y tarjetas

por Redacción asistida por IA

La situación financiera de los hogares argentinos atraviesa uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas. Según datos oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la morosidad en los créditos a familias se triplicó en apenas un año y alcanzó en 2025 el nivel más alto desde que existen series estadísticas comparables, superando incluso los registros observados durante la pandemia de COVID-19.

Un salto abrupto en solo doce meses

De acuerdo al último Informe sobre Bancos del BCRA, en octubre de 2025 la mora de los préstamos a hogares llegó al 7,8 % del total de la cartera, cuando un año antes rondaba el 2,5 %. El dato refleja un deterioro acelerado de la capacidad de pago y marca un quiebre claro respecto de los años previos.

En términos técnicos, se trata del peor registro desde al menos 2010, inicio de la serie estadística publicada por el organismo monetario. El incremento interanual —superior a los 5,5 puntos porcentuales— no tiene antecedentes recientes en el sistema financiero argentino.

Dónde está el mayor problema

El aumento de la mora no se distribuye de manera homogénea:

Préstamos personales y tarjetas de crédito concentran los mayores niveles de incumplimiento.

En segmentos específicos, especialmente vinculados a fintech y créditos de consumo de corto plazo, la cartera irregular llega a ubicarse cerca del 18 %.

En contraste, el crédito a empresas muestra una morosidad mucho menor, en torno al 1,9 %, evidenciando que el golpe se concentra principalmente en las economías familiares.

Uno de los datos más llamativos del informe es que los niveles actuales de mora superan ampliamente los registrados entre 2020 y 2021, cuando el impacto de la pandemia paralizó la actividad económica y redujo los ingresos de millones de personas.

También quedan por encima de los picos observados tras la crisis internacional de 2008–2009 y del cierre del ciclo económico de 2019. En los hechos, el sistema financiero enfrenta hoy un nivel de estrés en los hogares que no se veía desde hace al menos 15 años.

¿Se puede comparar con 2001?

Las series oficiales actuales no permiten una comparación directa con la crisis de la convertibilidad, ya que el BCRA no publicaba entonces indicadores homogéneos de morosidad familiar como los actuales. Sin embargo, para encontrar un deterioro de magnitud similar en la capacidad de pago de los hogares, muchos analistas remiten a la crisis de 2001, aunque en un contexto financiero muy distinto y con un sistema bancario mucho más reducido.

Las causas detrás del deterioro

Especialistas del sector identifican varios factores que explican el fenómeno:

Tasas de interés extremadamente elevadas, que encarecen el servicio de la deuda.

Salarios reales presionados, con ingresos que no logran recomponerse al ritmo de los costos financieros.

Mayor uso del crédito para gastos corrientes, especialmente en tarjetas y préstamos personales.

Expansión del endeudamiento no bancario, con condiciones más duras y menor regulación.

Riesgos para adelante

El aumento de la morosidad no es un dato aislado. Tiene consecuencias directas:

Obliga a los bancos a incrementar provisiones, afectando su rentabilidad.

Endurece las condiciones de acceso al crédito, cerrando aún más el financiamiento para familias y consumo.

Aumenta la fragilidad de la cadena de pagos, con impacto en comercios y servicios.

Los números del BCRA son contundentes: la morosidad de los hogares argentinos se disparó, se triplicó en un año y alcanzó un récord histórico, incluso por encima de los niveles de la pandemia. Más allá de las interpretaciones políticas, el dato técnico expone una realidad concreta: cada vez más familias no logran sostener el pago de sus deudas en un contexto de tasas altas y fuerte presión sobre los ingresos.

Un indicador silencioso, pero clave, que empieza a encender luces rojas en toda la economía.

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